Los resultados de la elección presidencial de julio del 2012 no se dieron como idealmente los pensó cada uno de los grandes partidos y eso los obligó a replantearse su estrategia de cara a la realidad de los mismos. Es, entonces, cuando se generan las condiciones para que se alcance el Pacto que ahora todos conocemos.

El PRI se había propuesto ganar con más de 50% de los votos la Presidencia de la República y obtener la mayoría en la Cámara de Diputados y de Senadores. El PRD se veía ganando la elección presidencial o quedando a una distancia más cercana a la que obtuvo. El PAN, después de que vio que resultaba imposible ganar, se propuso quedar en segundo lugar. Nada de eso ocurrió.

Cada una de estas fuerzas tuvo que enfrentarse a la situación: resolver los conflictos internos y tener que optar entre posibles escenarios.

El PRD resolvió acompañar a su candidato, Andrés Manuel López Obrador, hasta que se conociera la resolución del Tribunal electoral, pero de antemano le dijo que no lo apoyaría si decidía protestar los resultados por la vía de las marchas y plantones.

El PRD se propuso evitar la posibilidad de un acuerdo bipartidista, entre el PRI y el PAN, donde una vez más quedaría marginado de la discusión de la agenda política nacional como había sucedió en los pasados 12 años. El PAN, fuera de la Presidencia de la República y ya como oposición, optó por aliarse con el PRD.

La posibilidad de frenar al PRI, si no quería dialogar con sus opositores, estaba en la alianza que el PRD y el PAN hicieran en la Cámara de Senadores.

Cualquier iniciativa que el PRI hiciera pasar en la Cámara de Diputados, haciendo valer su mayoría simple, iba a ser cuestionada o incluso rechazada en la Cámara de Senadores.

El PRI entendió esta realidad y analizó bien que si no negociaba con el PAN y el PRD iba a vivir la misma situación a la que se enfrentaron los gobiernos de los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón, que las más de las veces vieron obstaculizadas sus iniciativas de ley por parte del PRI y el PRD.

Es, entones, cuando integrantes del equipo de transición del Presidente electo, Enrique Peña Nieto, se acercan a los líderes del PAN y el PRD que ya habían iniciado conversaciones.

En ese momento inicia el diálogo entre las dos fuerzas opositoras más importantes y los representantes del candidato ganador. Estamos en agosto del 2012.

El origen del Pacto, de ahí su fuerza y también consistencia política, más allá de cada uno de los 95 acuerdos en lo particular es que parte del análisis de la realidad y de los límites y posibilidades de cada uno de los partidos que lo avalan y, desde luego, también del gobierno.

Hay buenas condiciones para que el Pacto se mantenga, por lo menos hasta la elección para renovar la Cámara de Diputados en el 2015 y esto más allá de la acción de los detractores del mismo en cada uno de los partidos firmantes. El Pacto es expresión del realismo y la madurez política, y no concesión al chantaje o la presión de nadie.

Twitter: @RubenAguilar