El ascenso de Donald Trump acabó con la efímera era de la diplomacia gastronómica implementada por Claudia Ruiz Massieu, quien estuvo a punto de romper en llanto al escuchar la cálida despedida que le dispensó el presidente Enrique Peña Nieto.

Adusto algunos dirían que incómodo Miguel Ángel Osorio Chong fue mudo testigo de la ceremonia en el salón Adolfo López Mateos de la residencia presidencial. El jefe del gabinete presidencial había construido un nexo cercano y de confianza con Ruiz Massieu, inversamente proporcional a su relación con Luis Videgaray, cuyo regreso al gabinete recuerda el periplo (aunque a la inversa) de José Ángel Gurría.

En más de un sentido, el plan del peñismo se acerca más a los postulados zedillistas que a las usanzas salinistas. Para defender la economía de México también deberá hacer uso de los instrumentos diplomáticos. En la Secretaría de Relaciones Exteriores, prometió Videgaray, hará del diálogo y la construcción de consenso uno de los rasgos distintivos de su enfoque sobre las cuestiones de ámbito mundial.

Desde mediados de diciembre pasado se fueron acumulando las señales que anticipaban el relevo en Relaciones Exteriores, no obstante las polémicas recientes sobre el mal uso de las partidas presupuestales entregadas a la fundación Juntos Podemos, de la ex candidata presidencial panista Josefina Vázquez Mota o las diatribas contra los acuerdos comerciales.

Poco a poco, el equipo de trabajo de Ruiz Massieu había sufrido bajas sensibles ya fuera su jefe de oficina, Francisco Arroyo Vieyra; su secretario particular, Iván Pérez Salazar; su vocero y recientemente su oficial mayor, Marco Antonio García Castro, quien desde hace cinco días funge como secretario de Turismo del gobierno sinaloense.

A partir del triunfo de Donald Trump, comenzó el declive de la canciller y se multiplicaron las versiones sobre el regreso de Videgaray Caso como jefe del equipo que renegociaría el TLC con el nuevo gobierno estadounidense. Entonces, voceros autorizados por el ex secretario de Hacienda insistían en que el economista del ITAM no tenía intenciones de volver a las actividades públicas. ¿Ni siquiera si su amigo el presidente lo llama para un cargo de primer nivel? El doctor tiene una indudable vocación de servicio y, por encima de cualquier asunto, está su amor a México , referían.

Ruiz Massieu concentró su trabajo al reforzamiento de la red consular en Estados Unidos, lo que le valió duras críticas del cuerpo diplomático. A lo largo del año se había acumulado una docena de embajadas. El último acuerdo que tuvo en Los Pinos, a finales de noviembre, sirvió para destrabar las designaciones de los representantes del gobierno mexicano en Alemania, China, Irán, Corea del Norte y Singapur.

Los nombramientos, con la firma del Ejecutivo federal y apostillados por la Consejería Jurídica, ingresaron al Senado, para su ratificación, el 9 de diciembre. Pero las gestiones del enlace de la Secretaría de Gobernación, Felipe Solís Acero, no fructificaron y en la congeladora legislativa quedaron las propuestas de José Luis Bernal Rodríguez, Rogelio Granguillhome Morfin, Bruno Figueroa Fischer, José Alfonso Zegbe Camarena y Nathán Wolf Lustbader.

Ese atorón generó una bola de nieve dentro de la diplomacia mexicana, pues el embajador Julián Ventura Valero ya se había despedido del personal que labora en Beijing. Y en Londres, donde esperan a un nuevo embajador desde hace 10 meses, han quedado en ascuas.

Ruiz Massieu decidió dejar la SRE y pasó los últimos días del 2016 en Inglaterra, donde ya radican su mamá y sus hijos. En aquellas latitudes decidió rechazar la oferta presidencial de mantenerse dentro del gabinete en un gesto que dentro del peñismo interpretaron como una señal de ruptura, más que como un gesto de rebeldía.

A la cancillería también llega Virgilio Andrade, ex secretario de la Función Pública, quien regresa al equipo peñista en una posición estratégica. Y Videgaray Caso tendrá cinco días para alistar los materiales que recibirán los embajadores y cónsules muchos de los cuales han recibido la noticia del relevo en la SRE en su traslado a la Ciudad de México.

Efectos secundarios

PROBLEMAS. Tres días antes del cambio de poderes en Sinaloa, a la Cámara Internacional de Comercio llegó una solicitud de arbitraje contra la administración estatal que Mario López Valdez entregaría a Quirino Ordaz Coppel a partir del primer día del 2017. ¿El tema? El incumplimiento del contrato para la construcción de un hospital en Mazatlán. La constructora afectada es GIA, que dirige Jorge Moguel, la cual tuvo que recurrir a instancias internacionales, ya que las bases del contrato establecían que en caso de conflicto entre las partes, la resolución debería dirimirse ante un arbitraje comercial. Dicha denuncia ante el ICC es sólo la punta del iceberg, ya que al dejar la gubernatura, Malova dejó pendientes como la falta de pago y prestaciones a trabajadores de gobierno, así como denuncias de incumplimientos con otros sectores como constructores, al grado que en su sexenio la deuda del estado pasó de 4,879 millones de pesos a 7,393 millones de pesos. En cuanto al sector salud, la propia secretaría del ramo en Sinaloa, que encabezaba Alfredo Román Messina, da cuenta de que en tan sólo un año, poco más de 8,200 pacientes no recibieron atención médica especializada debido a la falta de espacio para atenderlos, a lo que se suma el desabasto de insumos y medicamentos por falta de pago.