Sobre el escritorio del Despacho Oval se encuentran dos fichas: hacer llorar a niños y perder las elecciones intermedias, (y posiblemente la reelección presidencial) o hacer el muro. ¿Qué prefieren los republicanos y el presidente mexicano?

Pocos pensaban que Trump convertiría una ocurrencia publicitaria (para dar la nota) en un lema de guerra: “Podría disparar a gente en la Quinta Avenida y no perdería votos”. Ahora, nos podría decir que podría hacer llorar al mundo y no perdería el apoyo de sus fans.

Pocos pensaban que la capacidad de indolencia de Trump superaría sus niveles de egocentrismo.

The Washington Post relató la reunión que sostuvo con congresistas republicanos en el Capitolio. Por momentos, narra un congresista presente, Trump abandonaba el tema de la reforma migratoria para recubrirse de gloria con su política con Corea del Norte.

Que quede claro. Para Trump, las palabras de Melania sobre la separación forzada de familias migrantes representan un ornamento esteticista cuyo reflejo metafórico es: “ni mi esposa me convence”.

Trump sabe que sus enemigos políticos nunca le van a creer, aunque hable con la verdad. De ahí su adicción a la mentira. Los demócratas saben que las leyes migratorias de Obama distinguían una variedad importante de delitos, por ejemplo, entrar por primera vez a Estados Unidos sin papeles representaba un delito menor. Con Trump, ya no existe una variedad de delitos. La tolerancia cero implica que un criminal de la Mara Salvatrucha (para reforzar los estereotipos que tanto gustan a Trump) es equiparable a los conocimientos de un científico hondureño. Ambos irán a juicio por carecer de papeles, y al ingresar a Estados Unidos con niños, éstos les serán despojados.

Trump miente al transferirle la responsabilidad de la crisis a los demócratas. Lo que sí quiere son 25,000 millones de dólares para construir el muro.

En efecto, el presidente Peña se encuentra entre la espada y otra espada. No hay pared de por medio.

En una escena poco común, se pudo ver a un Videgaray trémulo, un tanto nervioso (poco común en él).

Frente a tragedias humanitarias no existen las nacionalidades. Alguien le tuvo que haber dicho que la máxima premisa de su discurso no estaba en el 1% de los niños mexicanos afectados por la separación de sus familiares (25 en términos absolutos). La premisa básica es llevar el caso a órganos multilaterales y a tribunales internacionales. México llegó tarde a una tragedia que inició en abril.

Richard Cohen, en un artículo del diario The Washington Post (que será publicado el viernes en el suplemento semanal de ese diario en El Economista), escribe sobre el impacto mediático de las fotografías de niños enjaulados y, en particular, la de una niña hondureña de dos o tres años llorando en el momento en que su madre es detenida por la policía fronteriza. Cohen equipara la estética del drama con las fotografías del niño Aylan Kurdi y la niña Phan Thi Kim Phuc; él, boca abajo y sin vida en una playa de Turquía; ella, vietnamita, escapando de la bomba Napalm.

Trump ya habló. Y en su mesa tiene las fichas para negociar con los republicanos. No con México.

El presidente Peña, sólo observa. ¡Viva la soberanía!

Fausto Pretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.