Los recientes nombramientos para CFE y Pemex por parte del presidente electo son una muestra más de que debemos de estar atentos a las decisiones de la próxima administración. Como he señalado en reiteradas ocasiones, el servicio público es una vocación, y debe ejercerse con gente preparada, profesional y especializada en el área que se requiera. Si bien uno esperaría que la “cuarta transformación” viniera acompañada de cambios reales, parece que lo que en realidad nos espera es una buena dosis de presidencialismo y verticalidad en la toma de decisiones, que pondrían poner en peligro, en este caso, los avances obtenidos en el nuevo modelo energético de México.

Tanto CFE como Pemex cuentan con graves problemas de administración interna y pérdidas financieras asociadas con problemas añejos y no recientes: décadas de falta de inversión, por no haber contado con un marco normativo adecuado para generar alianzas que nos provean de tecnología y capital. De acuerdo con los estados financieros de ambas empresas, éstas representaron en conjunto una pérdida total de más de 84,000 millones de pesos en el primer trimestre de este año, y operar semejantes condiciones no es ni será tarea sencilla y, por lo tanto, requiere de habilidades técnico-administrativas complejas y cimentadas en la experiencia y la capacidad.

A la reforma energética, como menciona Lourdes Melgar, ex subsecretaria de Hidrocarburos y académica del MIT, se le ha pedido lo que no puede dar: resultados inmediatos. Y por tanto, se le ha responsabilizado de todo, especialmente de las ineficiencias de Pemex, cuando en realidad había sido por un esquema donde los ingresos que se generaron durante décadas fueron a parar en subsidios que beneficiaron sólo a 20% más rico de la población y no a un necesario programa de modernización del transporte urbano para darle opciones de movilidad a los ciudadanos.

Sin duda hay desafíos importantes en la implementación del nuevo modelo energético en México, que deben ir hacia generar las certidumbres necesarias para que las inversiones derivadas sigan fluyendo; y para que sigan participando empresas privadas generadoras de energía más limpia, eficiente, y por ende, más barata. Sólo con renovadas capacidades estaremos listos para aprovechar la bonanza de un nuevo incremento en los precios del petróleo, o aguantar una caída como la que vivimos en el 2016, sin que seamos perjudicados millones de mexicanos. Necesitamos además atender nuevos retos, como el cambio climático y el declive en el uso de energías fósiles a nivel mundial. Estas tendencias internacionales exigen que nuestro país se una a la corriente global por el uso eficiente de energéticos. Por ejemplo, Japón anunció este fin de semana que su meta para el 2050 será fabricar solamente vehículos eléctricos. Por otro lado, Francia, Noruega y la India se han puesto como objetivo que para los años 2040, 2025 y 2030 respectivamente, acabarán con la venta de automóviles que usan combustibles fósiles.

Si queremos lograr el México posible, con una economía incluyente para todos, debemos de elegir ver hacia el futuro, estar a la altura de los países que han visto en la energía una enorme fuente de riqueza pero al mismo tiempo de responsabilidad social con el medio ambiente, el fomento industrial y las nuevas generaciones. Si queremos una transformación verdadera, reconozcamos en dónde estaríamos sin reforma y la urgencia de continuar dando pasos sólidos para la atracción de inversiones y empleo, porque el progreso y la modernidad son los únicos caminos para alcanzarla.

¡Hasta nuestro próximo encuentro!

SorayaPérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.