Las encuestas indican, al inicio de la campaña electoral, que ningún partido obtendría la mayoría simple en las cámaras de Senadores y Diputados, y que el Presidente de la República, que surge de esa misma elección, volverá a enfrentarse a la realidad de un gobierno dividido, con los problemas que acarrea.

El PRI obtiene 36% de las preferencias efectivas del voto para Senador; el PAN, 32%; el PRD, 15%; el PVEM, 8%; el PT, 5%; el MC, 2%, y el Panal, 2 por ciento.

El PRI y su aliado, el PVEM, alcanzan 44% y la suma de las izquierdas llega a 22 % (Reforma 28/03/12).

El PRI-Panal serían la primera fuerza, el PAN la segunda y la tercera el PRD-PT-MC. A los primeros les faltaría 7% para obtener la mayoría simple (51%) requerida para votar gran parte de las leyes. El PRI-PVEM siempre necesitaría al PAN o la alianza de izquierda para sacar adelante sus iniciativas.

Los números son semejantes al nivel de los diputados y la preferencia efectiva del PRI es de 37%; la del PAN, 32%; la del PRD, 17%; la del PVEM, 6%; la del PT, 4%; la de MC, 2%, y el Panal, 2 por ciento. El PRI y su aliado, el PVEM, llegarían a 43%, y la suma de las izquierdas, a 23 por ciento.

El PRI-Panal sería la primera fuerza, el PAN la segunda y la tercera el PRD-PT-MC. A los primeros les faltaría 8% para obtener la mayoría simple (51%) y, al igual que en el Senado, siempre necesitarían al PAN o la alianza de izquierda para llevar adelante sus propuestas de ley.

Si la elección resulta como registra esta encuesta, todavía pueden pasar muchas cosas; el PRI-PVEM, que obtiene la mayor intención efectiva de los votos, en las cámaras de Senadores y Diputados sólo tendría una mayoría relativa que no le alcanza para hacer pasar leyes y siempre estaría obligado a la negociación.

El Presidente electo, no importa el partido, una vez más se vería ante la realidad, como ha sucedido desde 1997, de un gobierno dividido que dificulta o hace imposible que el Congreso le apruebe las iniciativas de ley que les mande.

La situación se revela problemática e incluso grave y anuncia que las grandes reformas legislativas seguirán atoradas en el Congreso. La solución de buena parte de los frenos que tiene el país pasan por reformas a la Constitución.

El próximo Presidente puede ser buen político y administrador, pero si no envía al Congreso las reformas legislativas estructurales que urgen, y consigue que se las aprueben, se habrán perdido otros seis años. Muchos de los cambios que el país requiere no pasan por el Ejecutivo, sino que demandan el acuerdo de las fuerzas políticas representadas en el Congreso, todavía más cuando todo indica que ninguna de ellas obtendrá la mayoría simple, ya no se diga la calificada (75%) requerida para cambiar la Constitución.

Twitter: @RubenAguilar