El presidente Calderón en sus declaraciones de las últimas semanas ha sido contundente; la estrategia de la guerra contra el narco seguirá hasta el fin de su mandato a pesar de sus resultados. Se trata, pues, de una cuestión de principios y no de la eficacia de una política pública.

En sentido contrario camina el presidente Obama, quien días atrás aprobó la Estrategia Nacional Contra el Control de Drogas 2010, que reconoce el fracaso del enfoque de guerra por parte del gobierno de Estados Unidos en los últimos 40 años.

La propuesta hecha pública por el zar antidrogas, Gil Kerlikowske, se deslinda abiertamente de la retórica de la guerra que ahora es sustituida por el enfoque de salud pública. La nueva concepción ha sido aplaudida por los especialistas. En la presentación dijo: desde que el presidente Richard Nixon declaró a las drogas como el enemigo público número uno (de la nación), hemos hablado de la guerra contra las drogas, y la verdad, no creo que el pueblo estadounidense haya visto un gran nivel de éxito .

El zar antidrogas plantea que la nueva estrategia de la lucha contra el narco permitirá, desde la lógica de la salud, romper con el círculo vicioso de consumo-crimen-delincuencia-encarcelamiento y ahora se apuesta por la prevención y la reinserción social.

El director de la Drug Policy Aliance, Ethan Edelman, quien lleva años trabajando en esta concepción, reconoce: No hay duda que (la estrategia) apunta en una dirección diferente y abraza opciones de política que contrarrestan aquellas de los pasados 30 años .

Entre los especialistas, existen dudas y plantean como lo hace John Walsh, de WOLA, quien opina que sólo el tiempo dirá si la nueve retórica tan promisoria de la administración Obama con un enfoque de las drogas como un reto de salud pública será acompañada con cambios reales en la política y añade la necesidad de hacer coincidir la nueva estrategia con la nueva retórica .

El cuestionamiento surge porque a pesar del nuevo discurso, la propuesta contempla que 64% de los recursos se destine a perseguir la oferta y sólo 36% se invierta en atacar el consumo y promover la prevención. El gobierno de George W. Bush mantuvo la misma proporción.

El cambio conceptual de la estrategia que pone el énfasis en la prevención y no en el combate punitivo y frontal contra el tráfico no supone, como lo asegura WOLA, una drástica ruptura con el pasado, pero es un paso en la dirección correcta .

¿Por qué el gobierno del presidente Calderón no adopta la nueva concepción de Estados Unidos? ¿Por qué seguir en una estrategia que ha demostrado haber fallado? ¿Por qué insistir en el enfoque punitivo en lugar del de salud pública? ¿Por qué no abrir el debate a nivel nacional?