El muro fronterizo de Trump es uno de los mayores agravios cometidos por gobiernos norteamericanos contra nuestro país. No solo es un tema de deshonra y humillación; es un tema de exterminio de biodiversidad, de ecosistemas y de especies emblemáticas. Y todo eso ocurre frente al silencio ignominioso y cobarde del gobierno mexicano, en particular de la Cancillería y de la Semarnat. La afinidad e insana sumisión aquí se reitera de manera elocuente, más allá de las alabanzas de Trump a AMLO esta semana frente al muro, que son vituperio y vejación para México. 

La construcción del muro ha pasado por alto las leyes ambientales norteamericanas y mexicanas, ante la aquiescencia del actual gobierno de nuestro país, pisoteando las propias reglas del T-MEC. Tristemente, ambientalistas orgánicos y medios de comunicación en México han permanecido también, en su mayor parte, indiferentes. La construcción del muro significa un brutal impacto sobre áreas naturales, a través de la voladura de montañas con dinamita, de la sobre-explotación de recursos hídricos vitales para especies amenazadas de peces y anfibios, de la devastación con buldócer de zonas críticas, del bloqueo de corredores biológicos, y de la ruina masiva de ecosistemas. 

Miles de toneladas de escombros han sido arrojadas a territorio mexicano, bloqueando cauces de ríos, cañadas y pasos de fauna. Nuestro gobierno calla en una actitud inaceptable de auto-rebajamiento.  El muro de Trump ha destruido muchos de los sitios más espectaculares de la frontera, infligiendo un daño permanente en ambos países. El muro ya ha impactado a numerosas Áreas Naturales Protegidas fronterizas como el Organ Pipe National Monument, el Cabeza Prieta National Wildlife Refuge, la Reserva de la Biósfera de El Pinacate y el Gran Desierto de Altar (que son patrimonio mundial de la UNESCO) así como las Áreas de Protección de Flora y Fauna de Maderas del Carmen y Cañón de Santa Helena.

El muro disminuye sensiblemente el área disponible, la calidad y conectividad de hábitats entre los dos países. El muro elimina, degrada y fragmenta hábitats críticos en tierras federales protegidas en seis eco-regiones interconectadas que incluyen matorral desértico, bosques templados, bosques abiertos, semi-desiertos; sabanas, matorrales sub-tropicales, humedales de agua dulce y humedales salados. Estos ambientes representan una crucial zona de encuentro entre los mundos biológicos neártico y neotropical, por lo que su biodiversidad es extraordinaria.

El muro fractura los hábitats de más de 1,500 especies de fauna terrestre y de agua dulce, así como de casi 430 especies de plantas nativas, incluyendo 62 especies listadas como Críticamente en Peligro por la UICN. Se han identificado cinco hotspots de biodiversidad afectadas por el muro, que integran al menos cuatro núcleos de tierras protegidas en corredores biológicos de hábitat continuo a través del desierto de Sonora-Arizona, Sky Islands, Big Bend, y cuenca del Río Bravo. Estos son objeto de diversos proyectos de conservación por parte de instituciones norteamericanas y mexicanas, y que han tenido éxitos notables, como es el caso del jaguar, que como en ningún otro sitio del planeta, comparte hábitat con lobos y osos negros.

El muro echa por tierra inversiones e iniciativas estratégicas de conservación binacional. La naturaleza está pagando el populismo de Trump y la abyección e ineptitud de las autoridades mexicanas. Jaguares, ocelotes, pumas, osos negros, lobos mexicanos, bisontes, berrendos, borregos cimarrones, linces, jabalíes, coyotes, venados bura, alces, castores, y cientos de especies más dependen de corredores migratorios vitales que se extienden a ambos lados de la frontera, que permiten acceso a recursos, y soportan flujos genéticos esenciales para su supervivencia.

El muro desencadenará la extinción de poblaciones críticas, y alterará profundamente la historia evolutiva de América del Norte. Es tan grave la devastación, que una amplia gama de organizaciones conservacionistas y de pueblos indios binacionales (O’odham) exigieron esta semana al gobierno de México condenar firmemente la construcción del muro y sus gravísimas consecuencias ecológicas, y trabajar con el nuevo gobierno de Biden para reabrir corredores biológicos cercenados por el muro.

En este escenario, el gobierno de AMLO ha desmantelado a las instituciones ambientales, especialmente a la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas con recortes presupuestales incapacitantes y despidos masivos de personal. Todo esto impide cualquier esfuerzo serio de conservación en el lado mexicano de la frontera. Sería imperativo que el gobierno mexicano se opusiera a la continuación del muro y que promoviera la iniciativa de reabrir corredores ecológicos y de vida silvestre en la frontera, así como la re-adaptación o rediseño de las barreras fronterizas para mantener una indispensable permeabilidad biológica entre los dos países.

Pero esto, no va a ocurrir, con un gobierno claramente ignorante, incompetente, sumiso y autocrático.  La sociedad civil, medios de comunicación, universidades y centros de investigación deben salir al rescate de la dignidad nacional y de los ecosistemas fronterizos.

@g_quadri

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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