Durante la FIL, Antonio Muñoz Molina presentó su libro más reciente. El día 29, también participó en una mesa de discusión sobre literatura y civilidad. Una charla donde abordó diversos temas desde la participación política, el civismo, la educación y la manera en que es posible incidir en estos factores.

De esta charla recojo algunas de sus lúcidas reflexiones. Frases apenas para detonar ideas que vale la pena explorar.

Debemos procurar enseñar la historia en lugar de la leyenda. Algunos de sus apuntes iban dirigidos no sólo a las escuelas o los medios, sino al acercamiento de una sociedad hacia el pasado. ¿Qué pasa si se construyen leyendas de heroísmo como hitos fundamentales de la patria? Los mexicanos lo conocemos bien, y durante años se llamó historia oficial .

Las leyendas se cuentan para legitimar versiones (políticas o religiosas), la historia es otra cosa. ¿Cómo puede haber civilidad en una sociedad que construye su memoria colectiva a base de mitos construidos por una facción o otra? Me viene a la mente The Act of Killing de Joshua Oppenheimer, la película que recuenta la historia reciente de Indonesia, donde en el poder siguen los responsables de un golpe militar de hace cincuenta años. Los vencedores escriben la historia, se dice, y en esta versión las leyendas juegan un rol fundamental. Así, los responsables de un genocidio de dos millones de personas son los héroes de la patria, los gángsters son los hombres libres y el ejemplo a seguir. Es el mundo del revés.

Muñoz Molina apunta también que socialmente hay cosas que mejoran, que nuestra función es ayudar a que los jóvenes no se queden atrapados en el descontento social, explicarles que los cambios son graduales. No ser demagogos.

Es interesante ese uso de nuestra , pues no queda claro si se refiere a los escritores, los intelectuales o simplemente a la parte de la población que abraza la civilidad como solución a los problemas inherentes a las democracias. Me gusta más esta última interpretación.

Cuando alguien le pregunta cómo percibe, desde la distancia (estoy seguro que la pregunta no fue tan grosera como mis notas), sus sueños de juventud; su respuesta deja sorprendido a más de alguno entre el público. Yo estoy contento que hay sueños míos que no se cumplieran. ¿Qué queremos en la vida a los quince años? ¿Qué queremos a los veinte? ¿A los treinta? ¿A los cincuenta? No sólo la madurez física sino la mental cambian el panorama. Muñoz Molina casi se ríe de sus sueños de juventud, que a la distancia le parecen de ingenuidad pavorosa.

Le queda claro que si a cierta edad parece más fácil quemarlo todo y empezar la historia desde ceros pero en forma justa y feliz, esas son fantasías producto de la pasión, la inmadurez y, posiblemente, de haber aprendido que el mundo lo forman las leyendas y la historia es producto de tal o cual visión, cacique o movimiento, que en la vida todo va como la canción de Queen: I want it all, and I want it now.

Para Muñoz Molina las sociedades más evolucionadas, aquellas donde la democracia se ensaya desde hace más tiempo, con mayor estabilidad y legitimidad, tienen también sus pegas.

¿Podemos conseguir que la gente además de crear una sociedad justa se siga divirtiendo? ¿Acabar con la corrupción y ser cordiales? Los fantasmas de la corrección política y la rigidez programática flotan sobre las sociedades civilizadas como maldiciones que es necesario exorcizar. ¿Es posible aspirar a la lucha ética sin la condena y el desprecio? ¿A ser adversarios políticos sin cultivar el odio por el otro? Quizá deberemos dejar de lado el maniqueísmo y la falsa idea de que el que piensa distinto y se atreve a expresarlo está buscando acabar con nosotros y lo que representamos. En suma, abrazar la civilidad como remedio para los problemas de la civilización actual.

Twitter @rgarciamainou