Desde hace algunos años, en América Latina se ha dado cada vez mayor relevancia al monitoreo de indicadores clave que muestran, a través del tiempo, el comportamiento de resultados intermedios y la correcta ejecución de programas públicos. Es decir, se mide la cadena de resultados que se planteó en el diseño de la intervención. Este monitoreo proporciona información valiosa que permite identificar con oportunidad los riesgos relacionados con el desempeño actual o esperado de los programas. Esta realidad no es distinta para los programas del sector agroalimentario.

Así, la clara definición causa-efecto de la cadena de resultados es fundamental para el planteamiento conceptual de los diferentes tipos de evaluación: procesos, resultados e impacto, por citar algunos ejemplos. Asimismo, la cadena de resultados sienta las bases para el diseño de indicadores, metas y objetivos, aspectos clave para el monitoreo de la eficiencia y eficacia del programa. Es decir, el monitoreo permite analizar de forma regular y sistemática el grado en que los insumos y actividades pueden alcanzar con mayor probabilidad los resultados deseados. Cabe hacer mención que un aspecto indispensable que favorece la efectividad de los instrumentos de política pública es la clara definición de la población objetivo, aspecto que fortalece la focalización de acciones y el monitoreo claro de la cobertura del programa.

De esta manera, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) plantea como uno de los pilares clave el monitoreo y la evaluación, aspectos sustantivos en la toma de decisiones en los diferentes niveles de gobierno. Al respecto, un estudio reciente del BID ubica a México como uno de los cuatro países que pertenecen al grupo con capacidades avanzadas en gestión basada en resultados en América Latina.

Lo anterior fortalecido por el puntaje obtenido en monitoreo y evaluación: 3.3 puntos de cinco posibles. En el estudio se destaca que el puntaje promedio de América Latina es de 1.9.

No obstante el buen desempeño de México, es indispensable incorporar cada vez más el monitoreo y los resultados y recomendaciones de evaluación en el quehacer cotidiano de las instituciones, entidades y de los programas mismos. Por lo anterior, es menester fortalecer el diseño de indicadores estratégicos y de gestión que permitan medir la contribución de los programas públicos a los fines para los cuales fueron diseñados. Esto es particularmente relevante en los programas orientados al desarrollo del sector rural.

*Lizbeth Uribe es especialista de la Subdirección de Evaluación de Programas en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

luribe@fira.gob.mx