Hay muchas cosas que se pueden frenar. Se puede frenar el desarrollo urbano, el económico o incluso el social, pero lo que no se puede detener es el crecimiento de la población y la transformación natural de las variables demográficas.

Reconozcámoslo o no, seguirán formándose nuevos hogares y seguirá naciendo y muriendo gente y esto, aunado a situaciones económicas, culturales y urbanas provoca una serie de procesos de movilidad social, que incide contundentemente en la evolución de comunidades de todos tamaños, sean éstas urbanas o rurales.

No hay lugar para sorpresas, sabemos que la población va a crecer y podemos estimar con bastante precisión dónde habrán de vivir las próximas generaciones de mexicanos. Sacar ventaja de este proceso ha sido asumido como un bono demográfico, sin considerar que si no hacemos bien las cosas, este supuesto bono se puede convertir en un pagaré.

Y es que si bien ya sabemos que durante los siguientes 20 años, la población crecerá de 106 a 130 millones de habitantes y esto supone el reto de generar oportunidades de vivienda para cerca de 20 millones de familias, cifra equivalente al parque habitacional existente, lo que parece que no ha quedado claro, es que además de casas se van a necesitar parques industriales, escuelas, hospitales, oficinas, zonas verdes y el más amplio y contundente etcétera.

Y mucha atención, porque este enorme reto de estricta naturaleza inmobiliaria va de la mano de la responsabilidad que deben asumir los tres niveles de gobierno y que implica planear, coordinar, promover y facilitar, creando condiciones propicias para la labor de los empresarios inmobiliarios.

Durante esta semana, en la edición 2010 de Expo Desarrollo Inmobiliario, el presidente de la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios (ADI), Germán Ahumada Alduncin, explicó que como resultado del bono demográfico, durante los siguientes 20 años, además de viviendas se van a necesitar 2 millones de locales comerciales, 430,000 cuartos de hotel, 62,000 tiendas en centros comerciales y 670 parques industriales.

Y suena fácil, pero a veces se nos olvida que para que una ciudad no pierda competitividad, no sólo se necesita dar mantenimiento y renovar su infraestructura física, sino realizar las obras que le permitan recibir nuevos habitantes y actualizar su vocación.

El reto, decía Ahumada Alduncin, supera al ámbito inmobiliario, porque para dar cabida a todas estas obras será necesario conformar, por lo menos, nuevos espacios urbanos equivalentes a 85 ciudades, 75 de ellas de 100,000 habitantes y 11 más con poblaciones de 1 millón de personas.

Esto supone invertir en el sector cerca de 300,000 millones de pesos al año y aunque en México existe un sector inmobiliario con experiencia y capital, será difícil que esta maquinaria se eche a andar sin el respaldo del gobierno, traducido en reglas claras, certidumbre y el componente de inversión que le corresponde.

Y es evidente que la recuperación deberá impulsarse con inversión local, porque también durante el evento que organizó la ADI, Janice Stanton, directiva de la firma inmobiliaria global, Cushman and Wakefield, destacó que, por ejemplo, la ciudad de México se ubica en el lugar 16 entre las plazas que mayor interés despiertan entre los inversionistas internacionales, muy por debajo de metrópolis como Londres, Washington, Nueva York, París y Tokio, que ocupan los primeros lugares en esta clasificación.

Y no hay que hacerse falsas ilusiones, porque atender estos mercados implica al menos tres años, antes de que los grandes capitales tengan necesidad de salir en busca de nuevas oportunidades.

Además, hay que considerar que en realidad México no compite con estas grandes capitales, sino con una serie de ciudades emergentes que, o traen importantes inercias de desarrollo, como sería el caso de ciudades sudamericanas como Medellín, Colombia o fueron víctimas de la crisis y en el futuro cercano, sus procesos de recuperación, representarán atractivos irresistibles para los inversionistas.

Y no hay que confundirse, porque más allá de la enorme oportunidad que el bono demográfico es para el mercado inmobiliario, lo que se está decidiendo es el futuro social, económico y urbano de México.

La oportunidad está en evitar los riesgos que implica no entender las letras chiquitas de un bono demográfico mal entendido y asumido, desde antes de trabajarlo, como una fuente de riqueza garantizada.

Lo diré más claro, no existe un bono demográfico, existe un proceso demográfico que podemos convertir en fuente de riqueza o pobreza.