Apenas tomaron posesión como próximos coordinadores de los diputados y senadores del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gambo Patrón, respectivamente, se apresuraron a anunciar que sus grupos en la Cámara de Diputados y en el Senado, impulsaran varias reformas legislativas.

Lo harán como parte de la agenda de Enrique Peña Nieto en la presidencia de la república porque, explicó Gamboa Patrón, la agenda de los diputados y senadores priistas es la del presidente de la república. Más allá de si regresa un sistema político con una presidencia que se impone sobre los otros dos poderes públicos, quiero tocar el tema de las reformas estructurales.

En su campaña, Peña Nieto anticipó que impulsaría al menos cinco reformas: energética para abrir Pemex al capital privado, fiscal, política, judicial, y laboral para flexibilizar la mano de obra.

La idea de que son necesaria varias reformas estructurales para que el país tenga competitividad, encuentre la senda del crecimiento económico y por tanto del desarrollo y el progreso material de sus habitantes es uno de los grandes mitos que han acompañado a la nación en los últimos 25 años.

Este mito se ha construido gracias a la imposición del pensamiento único, la doctrina neoliberal, como paradigma exclusivo del desarrollo del país. Los gobiernos, la clase política profesional, las cúpulas empresariales y sindicales charras, así como la mayoría de académicos y periodistas que generan la opinión pública del país aceptan sin discusión que el modelo económico y social ineludible para México pasa por acomodarse a las tendencias de la globalización y esto implica abrir nuestro mercado al mundo, apostar por el capital privado como palanca del desarrollo, en tanto que a los gobiernos se les deja el papel de facilitadores de la infraestructura y regulaciones que atraigan la inversión.

Eso se ha hecho desde el sexenio de José López Portillo, cuando México se adhirió al GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio), el antecedente de la actual Organización Mundial de Comercio (OMC). Desde entonces el país ha hecho no una, sino decenas de reformas estructurales que, en resumen, han convertido a México en el país más abierto a los intercambios comerciales con el mundo, pues tenemos acuerdos con 43 países. Si bien el cambio del modelo proteccionista de economía mixta que imperó en el país durante el milagro mexicano se fue modificando desde el sexenio de Miguel de la Madrid, el clímax de las modificaciones estructurales ocurrieron en los sexenios de Carlos Salinas y Ernesto Zedillo cuando el gobierno mexicano decidió la asociación estratégica con Estados Unidos y Canadá, así como la revisión de prácticamente todo el marco legal.

Contrario a lo que sostienen los ilusos o los ignorantes que claman por reformas estructurales , éstas ya se dieron y no solo han modificado la Constitución federal sino la mayoría de las leyes que tienen qué ver con la actividad económica. En el 2000, dos investigadores de la CEPAL pasaron revista a las reformas de primera generación aplicadas en México entre 1982 y 1999 y encontraron que se hicieron reformas tributaria, para permitir privatizaciones, de liberalización del comercio exterior, de liberalización financiera (externa y doméstica), y de desregulación del transporte de carga, puertos y ferrocarriles, zonas federales, autotransporte federal de turismo y pasajeros, líneas aéreas, telecomunicaciones, gas y petroquímica, industria manufacturera y aduanas.

Gracias a dichas reformas neoliberales, el país se reestructuró de cabo a rabo. A pesar de esa realidad, se sigue insistiendo en el mito de que las reformas estructurales son necesarias para que la economía despegue y se derrame el progreso y desarrollo para los mexicanos. En palabras de Gamboa Patrón, las reformas buscan recuperar el desarrollo económico y la competitividad que nos exige el mundo .

Pero como todos sabemos, mundo es un ente abstracto y no concreto; lo que existe en el mundo son gobiernos que buscan ventajas para sus empresarios y existen corporaciones transnacionales que buscan los territorios donde sus inversiones rindan más beneficios. Para ellos se piensan las reformas.

Es curioso que las clases gobernantes clamen por más reformas neoliberales cuando justo en el resto del mundo lo que está en crisis es el modelo de apertura económica indiscriminada. Están en crisis Estados Unidos, y varias naciones europeas entre ellas Irlanda puesta apenas hace unos años como modelo de apertura y atracción de inversión.

Si algo deja claro la crisis capitalista mundial es que el modelo neoliberal está en crisis, y las ansiadas reformas estructurales no traerán el desarrollo para el país, sino que agravarán la penuria y miseria para la mayoría de la población. Lo que el país requiere es otro modelo de desarrollo, no otra tanda de reformas estructurales .

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