Las gasolinas no deberían tener un precio bajo, porque son productos dañinos al ambiente, pero su comercialización debería ser abierta y transparente. Lejos de ese uso político que se les ha dado por décadas.

Porque la verdad es que el manejo de los precios de las gasolinas los hace iguales a todos. Ahí sí que se parecen Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador que han echado mano de la válvula fiscal para manipular los precios.

En aquellos años de la bonanza petrolera de la primera década del siglo, se llegaron a destinar hasta 200,000 millones de pesos al año en subsidios para mantener artificialmente bajos los precios de las gasolinas.

Y ahora, que Pemex está virtualmente en quiebra y que la producción petrolera está en declive, el gobierno de López Obrador juega con el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios para mantener los precios no tan altos.

El gobierno de Enrique Peña Nieto se atrevió a encauzar el mercado hacia uno abierto y así le fue políticamente con la liberación de precios del 2017. Básicamente porque el eterno candidato presidencial enarboló aquello de las gasolinas baratas como promesa de campaña.

Hoy las gasolinas ya no reciben un subsidio como tal, pero el gobierno deja de percibir recursos tributarios por jugar con el IEPS como válvula de control de precios.

En eso estábamos cuando llegó la crisis sanitaria y el derrumbe en el precio del petróleo no sólo hizo que el gobierno federal pudiera cobrar entero el IEPS, sino que por un par de meses conocimos lo que eran realmente las gasolinas baratas.

Como la mayor parte de la población estaba confinada, pocos gozaron de esas mieles de los combustibles baratos y pocos notaron también ese sobreprecio recaudatorio que aplicó el gobierno federal para compensar la caída de otros ingresos.

Un mundo en recesión, sin inflación, fomenta precios de los energéticos baratos. Y es por eso que para el 2021 ya se le ocurrió a la 4T cobrar un impuesto adicional a los precios bajos de la gasolina.

Si eventualmente llegaran otra vez a bajar los precios de esos energéticos, el gobierno de López Obrador ya le propuso a su obediente Congreso que le autoricen cobrar un impuesto adicional al ya de por sí alto IEPS.

De esa manera los mexicanos nos podemos olvidar de volver a tener gasolinas a precios más bajos de los actuales, tal como lo había prometido el propio Presidente.

No hay que olvidar que hoy se pagan entre 4 y 5 pesos de IEPS en cada litro de gasolina, más los otros impuestos como el IVA y otros costos. Así que, si se repite el escenario de abril o mayo, podríamos estar pagando más de 60% de impuestos en el precio de las gasolinas.

Que las gasolinas no sean baratas, esa es una forma de estimular otras tecnologías del transporte, pero que las autoridades sean transparentes en un mercado abierto a la competencia, justo con todos los participantes, sin trampas para beneficiar a Pemex.

Y que deje la cúpula de la 4T de mentir con eso de buscar gasolinas baratas cuando lo que hace es promover que haya más impuestos que las encarezcan.

ecampos@eleconomista.com.mx

Enrique Campos Suárez

Conductor de Noticieros Televisa

La Gran Depresión

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialidad en finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y maestro en Periodismo por la Universidad Anáhuac.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

Es un especialista en temas económico-financieros con más de 25 años de experiencia como comentarista y conductor en radio y televisión. Ha formado parte de empresas como Radio Programas de México, donde participó en la radio empresarial VIP. También formó parte del equipo directivo y de talento de Radio Fórmula.