Enrique Peña Nieto se escandalizó con el tema de la obligatoriedad de un seguro de responsabilidad civil.

Somos una sociedad que se enreda fácilmente en la retórica y que deja de lado lo importante para dar paso a lo estridente.

Los ejemplos sobran en la permisividad social a la ilegalidad argumentando razones sociales. La piratería es tolerada, por el discurso del alto costo de lo original. Los normalistas pueden incendiar camiones porque vulneran su autonomía académica.

El #YoSoy132 destroza porque son jóvenes incomprendidos. Se toleran los subsidios a los combustibles porque los gasolinazos son injustos.

Hay un asunto que resulta increíble que no se pueda entender en su justa dimensión. Voy a decir lo mismo de dos maneras diferentes:

• Cualquier persona que maneja un vehículo tiene una responsabilidad, su entorno, que tiene que respaldar a través de una garantía de reparación de un eventual daño.

• El seguro automotriz tiene que ser obligatorio.

Esa palabrita de obligatorio es una de las que en esta sociedad nos traba, nos enoja, nos enfrenta. Porque suena a una imposición por parte de una autoridad que tradicionalmente ha sido discrecional con la aplicación de los deberes.

Es un hecho que este país se ha formado sobre el reparto de prebendas y patentes de corso. Tú, sindicato, puedes no rendir cuentas en la medida que me arrimes votos electorales. Tú, policía, no exijas un buen sueldo, mejor puedes ir a extorsionar. Tú, trabajador, no me pidas una plaza laboral, mejor toma un permiso para vender en la calle.

El seguro de responsabilidad civil tiene que ser obligatorio, como es imperativo tener una licencia para manejar. O como no hay otra opción que pagar impuestos.

¿Por qué si cuidamos nuestros pulmones con la verificación vehicular obligatoria no cuidamos nuestra integridad física y patrimonial con un seguro obligatorio?

Cuando en la pasada campaña presidencial la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros invitó a los candidatos, el que a la postre ganó la elección se escandalizó con el tema de la obligatoriedad de un seguro de responsabilidad civil y transfirió a los aseguradores el planteamiento de un mecanismo para instaurar esa cobertura.

Apenas en estos días, el gobierno de José Calzada, gobernador de Querétaro, vetó una ley aprobada en el Congreso local para hacer obligatorio que los automovilistas tengan un seguro de responsabilidad civil.

Sorprende que un Mandatario estatal que había sido ejemplo para muchas otras entidades por su buena idea de cómo ser un Estado regulador, promotor del empleo y la inversión, tome una determinación propia de personajes del perredismo lopezobradorista que padeció la ciudad de México.

El cálculo político de gobiernos como el del Distrito Federal y ahora Querétaro dejan en el desamparo a la mujer que es atropellada y abandonada en la calle, al padre de familia que pierde su patrimonio en un choque, a las ciudades que pierden mobiliario urbano en los percances viales.

Quizá no se han dado cuenta estos políticos, pero cuando usan una autopista de cuota están obligados sus choferes y escoltas a pagar un seguro junto con el peaje. Claro que se los vende a los automovilistas con la buena noticia de que viajan protegidos al usar esa carretera.

Peña Nieto pidió a los aseguradores disfrazar la obligatoriedad en algún eufemismo que no moleste a sus electores. Un equipo con tantas ideas modernizadoras debe tener clara la importancia de la contratación de pólizas de seguro, no sólo de responsabilidad civil, sino de protección patrimonial, vida o gastos médicos.

Porque es increíble que los liberales panistas que ya se van no tuvieron la capacidad de impulsar este cambio estructural, lo que demuestra que las formas de pensar estorban al momento quedar bien con los grupos de presión.

La mejor manera de que funcione adecuadamente un seguro de responsabilidad civil para los automovilistas es, primero, su obligatoriedad. Después, que el gobierno no meta las manos en su gestión y contratación, simplemente en la supervisión.

La competencia es básica. No una sola empresa, alternativas múltiples y bien reguladas por parte de la autoridad para evitar que las compañías de seguros busquen avenidas para evadir su obligación de pagar por un daño.

Ojalá el próximo gobierno federal y un gran número de gobiernos locales le entiendan al tema y busquen la manera bonita de llamar al seguro obligatorio de responsabilidad civil y lo implementen lo antes posible.

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