Lo que vemos en esta foto, será lo que podrá estudiar a detalle el Gran Telescopio Milimétrico (GTM) que a principios del 2011 empezará a operar en México.

Más allá del gran mérito científico que tiene –se le considera el Telescopio más grande en su tipo en todo el mundo tiene el reconocimiento de haber superado todas las contrariedades del surrealismo mexicano: la falta de cultura científica, poco apoyo monetario, poca difusión, y claro, malos entendidos públicos.

¿Y dónde está el dinero?

Este Telescopio se creó tras un acuerdo entre Estados Unidos y México, con la Universidad de Massachussets y el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE).

Aún así, los mexicanos podrán presumir de tener un Telescopio, pues además de que pertenece a México por estar en tierras mexicanas (está en Puebla, en la cima del Volcán Sierra Negra), el país ha pagado a través de recursos públicos 75% del Telescopio, ya que aportó 70 de los 115 millones de dólares que se destinaron para su planeación y construcción y ha logrado pagar más, en gastos de verificación de prueba de equipo.

El defecto, como es de suponerse, es que el dinero público ha sido castigado en los últimos años para los temas de Ciencia y Tecnología.

Según el reporte del INAOE, en el 2008 el Grupo Gerencial (el management team) del Gran Telescopio Milimétrico solicitó 107.8 millones de pesos. Sólo obtuvo 52.7 millones. Para el 2009 pidió 137.5 millones de pesos. Le autorizaron 40 millones.

Infinidad de quejas, que fácilmente se pueden rastrear por Internet, han acusado al GTM de no lograr sus objetivos y de usar mal los recursos que se les asignan.

Incluso, la Auditoría Superior de la Federación (el organismo autónomo que apoya a la Cámara Baja en la revisión de la Cuenta Pública) reportó en el 2009 que el Proyecto del GTM no cumple con las disposiciones normativas en sus diferentes etapas, y que incurre en irregularidades y gastos de obra de mala calidad.

El INAOE ha argumentando en su informe que el hecho de haber obtenido menos recursos de los planeados les ha obligado a aplazar sus metas.

La lista de dimes y diretes podría continuar. Si pregunto a cada una de las partes involucradas, ambos dicen tener la razón.

Da igual: sólo nos hace detectar que un proyecto de las magnitudes del Gran Telescopio Milimétrico no es inmune a la falta de transparencia, de apoyo y hasta de visión mexicana.

¿No debería tener todo el apoyo un proyecto científico que nos pondrá en el ojo del mundo, que atraerá inversiones y científicos internacionales, que evitará la fuga de cerebros, que fomentará la divulgación científica y hasta que generará empleos y derrama económica en las zonas aledañas a donde está situado?

¿Qué pasará en un futuro, cuando el GTM ya esté operando en el 2011, cuando solicite cada año los 8 millones de dólares que requiere para funcionar? ¿Se le recortarán también? ¿Justificará no llegar a sus metas por falta de fondos?

¿Alguien lo conoce?

Por falta de difusión, la mayoría de los mexicanos desconocen que México tiene un Telescopio de gran magnitud, e incluso, desconocen su potencial. O por falta de interés, por parte de la población, ningún esfuerzo de difusión y apoyo ha funcionado. No sé quién fue primero, el huevo o la gallina.

Un ejemplo: en octubre del 2006, se organizó el Universo Rock , dos conciertos en la Plaza de Toros México que buscaban fondos para el Telescopio. No sólo no logró recaudar gran cosa –los boletos costaron de 100 a 400 pesos sino que generó pérdidas: el evento estuvo semivacío, los grupos como Plastilina Mosh, La Lupita, Jumbo, Nortec, entre otros, cancelaron su participación ante la falta de público, y cobraron por daños . (Según una crónica de El Reforma).

Se dijo que los organizadores –una empresa subcontratada no logró empapar a los grupos con la causa ni a los asistentes. Otros, aseguraron que México demostraba una vez más, que no sabe darle difusión a los logros propios.

Muchos intelectuales reflexionaron: ¿por qué los mexicanos apoyan a los pobres de África y no lo hacen con los científicos del país? Aún no conozco la respuesta a esto.

¿Hay orgullo mexicano?

Mi intención no es hacer una larga crónica de intentos fallidos e irregularidades. Lo que quisiera reflexionar es el por qué algo que se considera como único en el mundo de la ciencia, es más conocido en México por sus historias turbias que por su lado positivo.

¿Quién es el culpable? ¿El gobierno? ¿La iniciativa privada? ¿La apatía de los ciudadanos? ¿O los medios de comunicación? Quizás todos juntos.

Anécdotas de otras ciudades que albergan Grandes Telescopios me dan nostalgia. Los habitantes ayudan a construirlo. Hacen fiestas a su alrededor. Todos quieren ser parte del proyecto. Aquí, no he detectado nada similar.

Platicando con Alfonso Serrano, el científico mexicano que gestó la idea en 1988 y que ha estado desde entonces en todos los procesos del Telescopio, me dijo que lo único que espera es verlo funcionar. ¡Quién no, después de tanto vía crucis!

Tenía el pelo negro cuando inició todo esto. Hoy espero verlo operar con el pelo blanco , me dijo. Me contó que cuando Ernesto Zedillo fue Presidente de México, creó un Comité especial para evaluar el potencial económico de este Telescopio. Dicho Comité fue encabezado por Gilberto Borja, fundador de ICA y accionista del periódico La Jornada.

Cómo me hubiera gustado que Gilberto estuviera vivo para ver el Gran Telescopio funcionando. Qué orgullo le hubiera dado , me confesó Alfonso Serrano.

Eso es justamente lo que creo que deberíamos rescatar: el orgullo de contar con un proyecto como el GTM, que pese a todo, está a punto de ser una realidad para el mundo científico internacional.

Detalles de este telescopio, pueden consultarse en www.lmtgtm.org.