Roy Campos

El sexto informe. Desde el punto de vista numérico fue como cualquier informe, lleno de kilómetros, de pesos, de población beneficiada y de toda cifra favorable que le hayan podido pasar sus secretarios, eso lo hemos visto cientos de veces en los informes presidenciales o de gobernadores. Lo que vale la pena destacar son aquellas visiones que lo hacen diferente.

Por ejemplo, insiste en que el Covid-19 desencadenó la crisis en los “modelos neoliberales”, saliéndose de ese grupo con el argumento de que su receta es infalible; tampoco es una receta nueva, es un modelo Keynesiano tradicional de incentivar el consumo como motor de la economía y lo plantea muy claro: con programas sociales y con protección a los empleados públicos asegura recursos para 70% de las familias, y esas familias al incrementar el consumo, el comercio y la industria, terminarán favoreciendo al 30% restante, que además tendrá un beneficio mayor, “la paz social”. Mucha claridad.

Rubén Aguilar

Más de lo mismo. El presidente dio el sexto informe en los 18 meses de su gobierno. Duró 45 minutos. No dijo nada nuevo. Es un resumen de sus comparecencias mañaneras. En esta ocasión enfatizó los autoelogios y radicalizó la promoción de su persona como un supuesto actor fundamental de la historia de México. Así se ve.

Entre las muchas cosas que preocupan está, ya lo había dicho antes, su anuncio de que será el guardián del proceso electoral. Es una afirmación muy grave. Es la advertencia, a un año de que ocurran las elecciones del 2021, que intervendrá en el proceso electoral, tarea que sólo corresponde al INE. Como en los anteriores informes la realidad estuvo ausente. Los grandes problemas económicos, políticos y sociales que vive el país no existen. El presidente habita un mundo que no existe. Es muy peligrosa la distancia abismal que hay entre lo que realmente pasa y lo que imagina.

Manuel Ajenjo

Qué bonito suena. De entre las ideas expresadas por el presidente López Obrador comentaré lo que dijo a propósito de la pandemia y el paradigma que persistió durante los gobiernos neoliberales: en caso de crisis, la ayuda económica era para los de arriba por la creencia de que la riqueza es permeable y contagiosa. Si llueve arriba, gotea abajo. Por el contrario, durante su gobierno, en la crisis que estamos viviendo la ayuda económica se está derramando, a través de los programas sociales,  sobre los 18 millones de hogares más pobres. Y para el mes de diciembre, la ayuda abarcará 25 millones de familias: desde los muy pobres hasta la clase media-media, el 70% de los hogares mexicanos. Al 30% restante, las familias de las clases alta y media alta, el mandatario les ofreció la seguridad y tranquilidad de vivir en un Estado de Derecho. Con posibilidades de hacer negocios sin corrupción ni impunidad. Ver para creer. Por lo pronto, suena bonito.

Alberto Aguirre

El maderismo de AMLO. El segundo aniversario del “triunfo histórico democrático” tuvo un ausente fundamental: el pueblo de México. En el recinto donde se promulgó la Constitución de 1857, acuerpado por los integrantes de su gabinete, AMLO ofreció un telemensaje breve –apenas 40 minutos– a la nación, carente de buenas noticias y pletórico de sus datos a modo. Juarista, por la austeridad, el Primer Mandatario reiteró sus improntas: desterrar la corrupción que imperó en los gobiernos neoliberales y –la única novedad en este mensaje– erradicar por completo el fraude electoral. Autodefinido como maderista en el terreno democrático, el político tabasqueño ha puesto la mira en el futuro. Para él, lo peor ya pasó. Y para cuando cumpla el primer tercio de su sexenio, el próximo 1 de diciembre, quedarán sentadas las bases de la nueva forma de hacer política en México. El Ejecutivo propone... ¿y el Legislativo obedece? Mientras tenga el control de las cámaras, la Cuarta Transformación seguirá marcando el ritmo. Y eso, en vísperas del 2021, se vislumbra difícil.

José Fonseca

En el que fuera recinto de la Cámara de Diputados desde 1823 hasta 1872, el presidente Andrés Manuel López Obrador rindió su informe de 19 meses de gestión, en austera y anticlimática ceremonia. Aunque reconoció el reto de las crisis sanitaria y económica, y habló de cambios, dejó claro que para enfrentarlas no cambian sus políticas, en lo económico, en lo social ni en seguridad.

Dueño del escenario, mostró inquebrantable confianza en sus premisas y en su expertise para las campañas; indiferente al eventual daño a la imagen presidencial.

Es prematuro decir hoy si el gobierno lopezobradorista es un éxito o un fracaso, pues llevará mucho tiempo el desmantelamiento del entramado institucional construido en 23 años de vida democrática plena. Mientras, personalmente, me parece impropio de la investidura presidencial su disruptiva narrativa de campaña. Y riesgoso para la integridad del tejido social y político.