Entre las actitudes que podemos tomar ante la presidencia de Donald Trump están las conductas tan lamentables como las de los senadores del Partido de la Revolución Democrática, que colgaron una piñata del presidente electo de Estados Unidos, le mentaron la madre y le gritaron ese grito homofóbico que tanto le va a costar al futbol mexicano.

Ver a un grupo de senadores de la República portarse como una pandilla de vándalos no es precisamente lo que esperamos de aquellos a los que hemos elegido para ser nuestros representantes.

Tampoco parece gran idea lucir paralizado ante lo que pinta como una etapa muy complicada para nuestro país, su economía, su gente y su vecindad con Estados Unidos.

Es verdad que no tenemos realmente la más mínima idea de qué hará Donald Trump ya como presidente. El mundo vive con miedo de cuál será su siguiente tuit y con quién se peleará en 140 caracteres.

Pero hay líneas discursivas que ya permiten al gobierno mexicano y al resto de los agentes económicos tener una idea de lo que viene.

Los nombramientos que ha realizado son toda una declaración: conservadores anti libre comercio, militares que están en contra de la inmigración, personajes duros que se parecen mucho a Trump.

En materia comercial, no hay dudas de cuál es el pensamiento lineal y poco sofisticado del próximo presidente de la nación más poderosa del mundo: si una empresa estadounidense fabrica en el extranjero y vende en ese país, tendrá el castigo tributario.

Por eso, cuando Walmart de México y Centro América se va hasta Los Pinos para anunciar su plan de inversiones para la región, realmente no está dando una cachetada a Donald Trump y sus intenciones proteccionistas.

Esta empresa de ventas al menudeo es una de las beneficiarias del desarrollo que ha tenido el mercado interno mexicano durante los años recientes. Entre la mayor cantidad de empleos creados, las remuneraciones reales más altas que se han conseguido y el incremento de más de 30% en pesos en el valor de compra de unas remesas que alcanzan niveles históricos, hay un beneficio tangible.

Si bien es cierto que una empresa del tamaño de Walmart también está involucrada en el negocio de la importación y exportación, lo cierto es que el retail no cae dentro de los ánimos taxativos del presidente electo de Estados Unidos.

El mensaje que quieren mandar tanto esta empresa, y su inversión anunciada por 1,300 millones de dólares, como el presidente al abrir la casa presidencial y encabezar el evento es que más allá de un plan específico de Trump de entorpecer el comercio de manufacturas, hay otros sectores donde una empresa de origen estadounidense va a seguir haciendo muy buenos negocios en México.

El peor enemigo de Walmart y del resto de los participantes del sector terciario de la economía es la desconfianza interna.

Hoy tanto los analistas, los consumidores y muchos inversionistas muestran niveles históricamente bajos de confianza y de lo que se trata es de mostrar que hay razones para preocuparse, pero que más allá del señor Trump, la economía se mueve.