Pocos presidentes han tenido tan claro lo costoso que es distraerse persiguiendo las sombras del pasado como López Obrador. “Lo más delicado, lo más serio”, explicó en su discurso de toma de posesión, es que “meteríamos al país en una dinámica de fractura, conflicto y confrontación y ello nos llevaría a consumir tiempo, energía y recursos que necesitamos para emprender la regeneración verdadera y radical de la vida pública de México, la construcción de una nueva patria, la reactivación económica y la pacificación del país.”

El tiempo le ha dado la razón. Obsesionado con criticar al pasado, el equipo directivo de CFE que se asume más radicalmente transformador quizás deje hasta una Constitución cambiada. Pero ¿alguien tiene duda que ha sumido al país en una dinámica de fractura, conflicto y confrontación? ¿Qué pasaría si, en vez de en iniciativas y decretos, discursos y litigios, se mide su gestión en Megawatts (MW) de nueva capacidad instalada –tanto propios como ajenos?

De acuerdo con los informes de labores de la Sener, en este sexenio han entrado en operación unos 2,500 MW de capacidad instalada propia de la CFE, como OPFs. Hay que reconocer que quiere mejorar el ritmo. Apenas hace un año, Sener estimaba en su Prodesen que entre 2021 y 2024 se agregarían unos 4,500 MW de capacidad instalada “estratégica” de CFE. La cifra coincide a grandes rasgos con los ocho proyectos que el Plan de Negocios 2021-2025 de CFE decía que entrarían en operación de aquí a 2024. Si todo les sale de acuerdo con el plan, llegarían a un total de unos 7,000 MW de nueva capacidad instalada propia para CFE en todo el sexenio.

Todo esto es mucho menos que los casi 11,000 MW privados que han entrado en operación en apenas tres años. En el sexenio, de acuerdo con la forma de contabilizar del gobierno, van 2,651 MW de adiciones de capacidad instalada propia en productores independientes de energía. A eso hay que sumarle al menos 5,254 MW de capacidad instalada eólica y solar a partir de las subastas de largo plazo, que de acuerdo con Sener han entrado en operación y pruebas durante la primera mitad del sexenio. Y se calcula que hay unos 3,000 MW más, fósiles y renovables, que se desarrollaron fuera de las subastas, pero bajo la ley de la industria eléctrica.

Que más de la mitad de estos nuevos MW privados del sexenio sean renovables es una gran noticia. En contraste, 99% de los nuevos MW de CFE en el sexenio serían fósiles –94% si se consideran los 196 MW de repotenciación de hidro que se mencionan en el Prodesen. A eso, CFE recientemente le ha sumado 1,000 MW en desarrollo de Puerto Peñasco y algunas decenas más de MW a la repotenciación de las hidros. Pero ni así la CFE podría decir que ni un quinto de su nueva capacidad sería limpia. Al cerrar el sexenio también habría aportado menos de un quinto de la nueva capacidad limpia de todo el sistema eléctrico.

Si sólo se contabilizan las adiciones de capacidad directa de CFE, esta Administración sería una de las más sucias y mediocres en las últimas décadas. Pero es sólo en el contexto actual de fractura, conflicto y confrontación –como advirtió el presidente, de distracción– que lo más importante es este tipo de comparación parcial. En realidad, los más de 19,000 MW totales nuevos previstos para este sexenio representan un récord histórico para nuestro país. Su proporción limpia, aunque se ensucia mucho cuando se contabiliza a la CFE, también podría constituir un récord. ¿Quién querría distraer tiempo, energía y recursos de apuntalar esta tendencia constructiva, empequeñeciendo los resultados del país y exacerbando la polarización destructiva?

@pzarater

Pablo Zárate

Consultor

Más allá de Cantarell

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