De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, marasmo significa: suspensión, paralización, inmovilidad, y eso es precisamente lo que le sucede a las telecomunicaciones en México. Desde el gran impulso a la competencia que Carlos Casasús y Javier Lozano encabezaron, lo único que hemos visto son grillas, ineptitud y un batidillo de intereses personales disfrazados de interés público.

Ayer, los periódicos dieron cuenta de dos noticias que no son noticia. Por un lado, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) solicitó que la Suprema Corte de Justicia de la Nación atraiga y resuelva el litigio sobre la posibilidad de que Telmex preste o no servicios de televisión. Por el otro, hace unos días la SCT dio a conocer que no prorrogará las concesiones que MVS tiene en la banda de 2.5 GHz. Ninguno de estos casos es noticia porque ninguno es nuevo y ambos serán resueltos en varios años.

En noviembre del 2011, Telmex ganó un juicio de amparo que obligaba a la SCT a dar contestación a su solicitud para que se elimine de su título de concesión la prohibición expresa de prestar servicios de televisión. En efecto, la condición 1-9 del título de concesión de Telmex establece, a la letra:

Telmex no podrá explotar, directa o indirectamente, ninguna concesión de servicios de televisión al público en el país . Muchos ingenuos interpretaron esta sentencia en el sentido de que era inminente la entrada de Telmex al negocio de la televisión restringida, a través de su red telefónica con cobertura nacional. Digo que fueron ingenuos porque la SCT carece de facultades para modificar el título de concesión de Telmex.

Durante la administración Fox, el exempleado de Telmex y a la sazón Secretario de Comunicaciones y Transportes Pedro Cerisola, emitió un acuerdo que contempla la posibilidad de que Telmex preste servicios de televisión si cumple con ciertas condiciones. Sin embargo, la autoridad administrativa sólo puede hacer aquello para lo que está expresamente facultada y en este caso, por el contrario, la ley prohíbe expresamente modificar los títulos de concesión que fueron otorgados antes de 1995. Tal es el caso del título de concesión de Telmex. La Ley Federal de Telecomunicaciones (LFT), en su artículo 5 transitorio, establece:

Las concesiones y permisos otorgados con anterioridad a la entrada en vigor de la presente ley, se respetarán en los términos y condiciones consignados en los respectivos títulos, hasta su término .

De la simple lectura de este artículo se desprende que el mandato legal no contiene excepción alguna ni otorga facultades discrecionales a la SCT para actuar de otro modo. Sobra decir que el arquitecto Cerisola no era el Congreso de la Unión y carecía por completo de atribuciones para legislar en sentido contrario a lo que establece la LFT, por lo que cualquier acto de autoridad que modifique el título de concesión de Telmex con base en el acuerdo de Cerisola podrá ser impugnado por los particulares mediante el juicio de amparo o por las cámaras del Congreso de la Unión mediante una controversia constitucional.

El caso de las concesiones de MVS en la banda de 2.5 GHz es mucho más simple, pero está plagado de errores que le han permitido interponer más de 90 amparos. Es más simple porque desde el 2008 MVS no utiliza estas frecuencias, ya que traspasó todos sus clientes a Dish, en la que mantiene una alianza estratégica con Telmex. A diferencia de otros concesionarios en esta misma banda, que sí la utilizan y que prestan el servicio de televisión restringida a miles de suscriptores, MVS únicamente acapara el espectro para bloquear la entrada de nuevos competidores en banda ancha móvil. El espectro acaparado por MVS y que no se utiliza es valiosísimo, ya que en los 190 MHz que tiene caben hasta cuatro nuevos competidores para Telcel. ¿Tendrá esto que ver con la alianza que tiene MVS con el ingeniero Slim? Habrá que preguntárselo a Eduardo Pérez Motta, presidente de la Comisión Federal de Competencia.