A pesar de la oposición de varios países importantes como son Estados Unidos, Austria, Polonia, Australia y Chile, entre otros, se logró por parte de la ONU la firma del Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular, mismo que contiene 23 objetivos no vinculantes para los estados que lo suscribieron.

Es el principio a un problema global en que muchos estados muestran fuertes resistencias, explicable porque han asumido posiciones nacionalistas, cuya esencia es el rechazo al otro, el énfasis a la diferencia y el espejismo de la superioridad. Con esta trampa caen rendidos los pueblos que no ven mas allá de su nariz. Y explica la xenofobia, el desprecio a la pluralidad, la paranoia frente al mundo y la creación de chivos expiatorios. El nacionalismo es una enfermedad, el sarampión de los países, según Einstein. Es la tendencia mundial.

El que el Pacto no sea obligatorio explica que se haya firmado. Con todo y que es así ya es una definición global. Louise Arbour, enviada especial de la ONU para la Migración Internacional dijo: “Es sorprendente que haya habido tanta desinformación sobre lo que es y dice el Pacto. No propone ninguna obligación a los estados”.

La voz de alto contenido político y humanitario fue la de Angela Merkel, que en el 2015 permitió que a su país entraran 890,000 refugiados y al siguiente año 280,000. Merkel expresó: “Tenemos que recordarnos a nosotros mismos que la ONU fue fundada como resultado de la Segunda Guerra Mundial. Fue una respuesta al nacionalismo, una búsqueda de respuestas comunes. De eso se trata este Pacto, de la cooperación internacional. Ésta es la única manera de hacer de este planeta un lugar mejor”, contundente, con proyectos, sin excusas.

Vivimos en una época en que los intentos globales para una vida mejor encuentran obstáculos basados en la resistencia de los estados, no todos, por fortuna. Actualmente hay 260 millones de personas que se han trasladado para vivir en otro país por razones políticas y económicas, encontrando grandes dificultades.

El argumento de que la población puede retenerse en los países que la expulsan si se realiza una política en favor de las inversiones para la creación de empleos ha resultado mas bien un conjunto de buenas intenciones porque no hay recursos internos para las inversiones. También se observa que la inversión internacional tiene una presión competitiva para absorberla. Esto plantea la necesidad de una ingeniería mas complicada porque son muchos ingredientes.

El problema migratorio empata con otro problema global: la falta de empleos. Descubrimos que hay algo peor que la explotación del hombre, la ausencia de explotación, que el conjunto de seres humanos sea considerado irrelevante y que cada uno de los que integra ese conjunto tenga pavor ante la perspectiva de no seguir siendo explotable.

Por ello, el problema de la migración, del desempleo, de la marginación , de las desigualdades sociales y culturales, no es solo económico y político, y por ello no debe ser tratado solo por los especialistas sino debe discutirse en la sociedad, para que renazca la solidaridad basada en el respeto.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.

Lee más de este autor