Al mismo tiempo que el Gran Cinturón Transportador Oceánico transporta toda el agua del mar alrededor del mundo, también es uno de los principales factores a tener en cuenta en la distribución del calor sobre la superficie de la Tierra.

Gracias al motor oceánico Europa Occidental disfruta de un clima cálido y templado durante buena parte del año, gracias al agua caliente que sube desde los trópicos hacia el Atlántico Norte impulsada por la Corriente del Golfo, donde libera enormes cantidades de calor a la atmósfera, calentando el aire y permitiendo que el clima en Inglaterra sea unos 10°C más cálida durante el año que algunas provincias de Canadá que se encuentran por latitudes similares.

Ahí el agua se enfría nuevamente y la congelación la vuelve más salada, por lo que se sumerge rápidamente en el orden de los miles de millones de litros por segundo, volviendo a iniciar el ciclo nuevamente. A esta parte del Gran Cinturón la conocemos como la Circulación Atlántica Meridional de Retorno (AMOC, como todos los científicos del mundo la conocen), la bomba que mueve más de la mitad del agua oceánica.

El equilibrio de salinidad y temperatura con el que este sistema opera es bastante complejo, y durante hace ya unas décadas los científicos han visto un claro y cada vez más marcado aletargamiento en la velocidad con que la AMOC completa su ciclo, por lo que muchos científicos están alarmados ante la posibilidad de una nueva pequeña Edad de Hielo, de unos mil años o así, en lo que AMOC se recupera y empieza a bombear agua a través del planeta nuevamente, como sabemos que ha ocurrido en el pasado.

Pero un estudio publicado en julio 2018 en la revista Nature por los doctores Xianyao Chen y Ka-Kit Tung de las universidades de China y Washington respectivamente, demuestra que en realidad la AMOC está cambiando de ritmo de manera natural, como parte de un ciclo lento que parece durar unas décadas, así que tal vez no debemos preocuparnos por el fin de las corrientes oceánicas después de todo, al menos de momento. Pero no son buenas noticias tampoco, no piense usted eso.

El clima es un fenómeno extremadamente complejo, y las mediciones sobre la velocidad de las corrientes oceánicas sólo abarcan unas pocas décadas, por lo que aún no contamos con suficientes datos sobre ellas. Las supercomputadoras y los nuevos modelos climáticos nos permiten prever con bastante aproximación el comportamiento de la AMOC y sus efectos sobre las temperaturas del mundo, y recientes mediciones en la temperatura y salinidad en aguas del Atlántico Norte confirman que si bien la AMOC no desaparecerá en un futuro próximo, en el citado estudio el oceanógrafo y el matemático demuestran que la desaceleración de la AMOC causará un mayor aumento en las temperaturas en las próximas décadas.

Verás, entre más calentamos el ambiente de nuestro planeta, el aumento en las temperaturas hacen que el hielo de Groenlandia (uno de los reservorios de agua dulce en estado sólido más grandes del mundo) se congele cada vez menos conforme pasan los años. Esto vierte una enorme cantidad de agua dulce en la mar, lo que diluye la concentración de sales en el norte del Atlántico, justo donde se origina la AMOC. Si suficiente agua dulce es vertida en esta parte del océano, es perfectamente posible que logremos apagar una de las bombas oceánicas más importantes, causando estragos en el clima de todo el Globo.

Los humanos somos definitivamente la especie que más influye en los fenómenos atmosféricos que ocurren en la Tierra. De continuar arrojando desperdicios al aire y agua de nuestros ecosistemas, será sumamente difícil anticipar cuáles serán los efectos adversos a mediano y largo plazo. Es un hecho que la AMOC se encuentra actualmente en su ciclo más bajo, y si seguimos trasteando con el funcionamiento de uno de los distribuidores de calor más grandes de nuestro planeta, es no sólo posible, sino incluso probable que estemos generando aumentos en las sequías que ya hoy día azotan la Tierra. Los efectos que nuestro comportamiento está causando en el mundo pone en peligro nuestra permanencia en este punto azul donde vivimos, y actualmente estamos muy, muy lejos, de poder extender nuestra especie a cualquier otro rincón de la Galaxia.

Ramón Martínez Leyva

Ingeniero

Un pálido punto azul

Es ingeniero en Sistemas Computacionales. Sus áreas de conocimiento son tecnologías, ciencia y medio ambiente.

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