El sector primario del país ha florecido, aún en medio de la recesión económica. La economía en su conjunto cayó 8.5% en 2020, por causa de la pandemia y de las decisiones y políticas absurdas de este gobierno. Sin embargo, el sector primario se expandió al 2% el año anterior, y observó un crecimiento de 4.5% en el primer semestre de 2021. Incluso, su participación dentro del PIB, inusitadamente, ha crecido de 2.0 % a 3.7 % desde el año 2000, algo poco común en el proceso de desarrollo de las naciones.

La balanza comercial de productos agroalimentarios (agropecuarios y agroindustriales) de México cerró el año 2020 con un superávit de 12,300 millones de dólares, con un incremento a tasa anual de casi 40%. Las exportaciones agroalimentarias generaron ingresos al país por más de 39 mil millones de dólares, lo que equivale a un crecimiento superior al 5%, y superan a las exportaciones petroleras, y al turismo extranjero. México es la séptima potencia exportadora agroalimentaria en el mundo.

Todo este éxito no es algo fortuito; ocurre gracias a las políticas “neoliberales” seguidas desde 1994, a los tratados de libre comercio, a las reformas al Artículo 27 Constitucional en materia agraria, y a políticas expresas de fomento. Un poco de honradez intelectual y política obligaría a reconocerlo.

Sin, embargo, el sector agropecuario mexicano tiene terribles lados obscuros, entre ellos, el agotamiento de recursos hídricos subterráneos por la agricultura de riego, y en especial, la deforestación y la destrucción de la biodiversidad, de lo cual, las autoridades y política sectorial se desentienden por completo.

Las actividades agropecuarias son la principal causa de destrucción de los bosques y selvas de México, y se ensañan particularmente en la Península de Yucatán. The acuerdo a Global Forest Watch, sólo en la Península de Yucatán –  la nueva frontera de expansión agropecuaria –  se han perdido 1.5 millones de hectáreas de bosques tropicales en los últimos 20 años, proceso que contribuye a colocar a México en el Top Ten de deforestación entre las naciones del mundo.

Del 2000 al 2019, Quintana Roo perdió el 12 % de la cobertura forestal equivalentes a 492 mil hectáreas. Campeche, en el mismo lapso, vio desaparecer más de 645 mil hectáreas equivalentes al 12 % del territorio estatal. Y en Yucatán, se destruyeron, también en el mismo periodo, 441 mil hectáreas equivalentes al 17% del territorio del estado. Las causas fundamentales son la ganadería, la agricultura comercial de soya y palma de aceite, y el cultivo de maíz de temporal. Ahora, también, el perverso programa de subsidios clientelares “Sembrando Vida”, y el disparatado proyecto del Tren Maya. Los bosques tropicales son exterminados a través de desmontes con fuego e incluso con maquinaria, lo que arrasa con el hábitat de miles de especies.

En años recientes, los protagonistas en la deforestación de las selvas de la península de Yucatán, han sido más de 20 colonias menonitas que habitan en Campeche y Quintana Roo. Llevan a cabo el desmonte, y plantación masiva de soya, apoyada con el uso intensivo de agroquímicos. Se han establecido en la zona norte de la reserva de la biosfera de Calakmul conocida como los Chenes, y han comprado y arrendado tierras para desmonte y cultivo en el área de protección de flora y fauna de Balam Kaax.

La deforestación, además de exterminar el capital natural y la biodiversidad de la Península de Yucatán, pone en riesgo la apicultura que llevan a cabo numerosas comunidades mayas de la Península. Destruye el espacio vital de las abejas, mientras que el uso de herbicidas elimina decenas de especies de plantas herbáceas que les proporcionan alimento, y las impacta directamente al afectar su metabolismo. Económicamente esto es un desastre para los campesinos mayas de Campeche.

La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, no sabemos, si lo ignora o es indiferente. No asume responsabilidad alguna, y carece de toda política para detener la devastación y revertirla. La SEMARNAT se encuentra inutilizada por la incompetencia, y la PROFEPA desmantelada. Todo ello, representa otro gran pasivo que el gobierno del presidente López dejará como legado a nuestro país.

@g_quadri

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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