La cuestión salarial ha sido objeto de forcejeos a propósito del TLCAN. Se reconoce que en México los salarios están por los suelos en comparación con Estados Unidos y Canadá. Es el atractivo que tienen los países en desarrollo como México para que los inversionistas nacionales y extranjeros inviertan en el país. Salarios bajos, utilidades altas.

Ha sido política gubernamental fijar bajos salarios con el apoyo de los sindicatos a cambio de posiciones, pero esta situación cada vez es más insostenible por su aberración económica y social. Económica porque explica, en parte, el reducido mercado interno. Social porque contribuye a mantener una sociedad de riesgo, sin cohesión social.

Para verificar esta situación basta salir a la calle y ver cómo viste la gente. Además, rostros adustos y desesperados porque no tienen el ingreso suficiente para satisfacer sus necesidades básicas. Este escenario se ve en zonas urbanas de ingresos altos. Adentro, confort; afuera es otra cosa.

También basta darle una ojeada al periódico que reporta la cotidiana criminalidad, no sólo de los narcotraficantes sino de los delincuentes comunes, o de jóvenes criminales que emigraron a nuestro país del triángulo norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador).

El problema de la pobreza, la desigualdad, la educación precaria y el exceso de población producen un círculo vicioso de subdesarrollo. Una mejor educación facilita una mejor posición laboral. Pero la posibilidad de alcanzar una mejor educación se limita por la pobreza.

Sólo se puede tener movilidad si hay justicia social y crecimiento económico. No se puede saltar por encima de nuestra sombra, dice un proverbio árabe.

Los gobiernos han creado políticas para aminorar el efecto social de la pobreza, la educación insuficiente, la falta de ingreso. Pero según ha reconocido la autoridad evaluatoria de los programas sociales, el Coneval, ellas han sido insuficientes y los problemas se han agravado. Y reconoce que se necesita de más crecimiento económico para crear más empleo e ingresos. Sin embargo, a pesar de esos deseos y la intención manifiesta del Pacto por México, todo quedó en una esperanza fallida.

Estamos viviendo una lluvia de propuestas a partir de que empezó la jornada electoral. Hay buenas ideas sueltas, pero también la vaporización del ego. Falta sencillez, definición e impacto.

Hay tres problemas que merecen atención prioritaria porque se asocian a la indignación que vive la población que observa que la crisis del país no es transitoria.

Uno es el problema del salario tan bajo que recibe la población ocupada. No se trata de dádivas sino de pagar lo que el trabajo vale. Los salarios mínimos deben establecerse mediante mecanismos transparentes y previsibles.

Otro es el problema del desempleo. Ningún gobierno ha podido ofrecer los empleos suficientes para absorber la mano de obra que anualmente se incorpora a la población económicamente activa, como una consecuencia del crecimiento demográfico. Los cálculos nos dicen que sexenalmente se necesitan crear 7 millones de empleos. No ha existido epopeya en esto.

Otro más es la inseguridad, que ha adquirido niveles alarmantes. Está comprobado que la seguridad es el deseo humano más importante, más aun que la libertad, porque se asocia a la supervivencia.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.