¿Vladimir Putin es un genio, es un perverso, o simplemente un político sin cortapisas que puede jugar a lo que quiera? Si algo tiene claro este político de Leningrado es que una vez logrado el poder casi absoluto en Rusia y un absoluto dominio de la región, su objetivo es convertirse en el alter ego de Estados Unidos y su agenda. Si Barack Obama es políticamente correcto, Putin es irreverente y grotesco; si el presidente estadounidense apoya la reivindicación de minorías, el poderoso ruso las golpea. Si Estados Unidos pensaba que se había quedado solo en el mundo, ahí está Putin para recordarle que no es así. Si Estados Unidos está de un lado, él pondrá a Rusia del otro. Hasta cuando aparentemente coinciden, en su combate al Estado Islámico, lo hace desde una postura radicalmente distinta.

Sólo un presidente como Putin es capaz de declarar públicamente que está a favor de Donald Trump o salir a defender a Joseph Blatter el mismo día. No importa si el primero es un racista que confronta el sistema de valores liberales del mundo occidental o si el presidente de la FIFA representa el súmmum de la corrupción mundial. Defender a estos personajes es tan políticamente incorrecto que es noticia en todo el mundo, pero además manda el mensaje de que está claramente en contra de la agenda estadounidense; Trump es el enemigo interno del sistema americano y Blatter un perseguido de la justicia estadunidense.

La economía estadounidense es 10 veces mayor que la rusa y el PIB per cápita es 4.7 de Rusia siete veces menor. Estados Unidos es la tercera economía más competitiva y Rusia la 47. ¿Cómo logró Putin ser sido nombrado el hombre más poderoso del mundo, por encima del presidente de los Estados Unidos, con una economía que está más cercana a la mexicana que a la estadounidense? Tampoco es ya la nación del poderío militar que fue durante la Guerra Fría ni el país que tiene a media Europa girando en su esfera. La respuesta no está por supuesto en su poderío económico y militar, sino en la forma de su liderazgo. Tras 17 años en la presidencia Putin, ha logrado consolidar un poder personal enorme, pero sobre todo regresar a Rusia a la agenda mundial.

Vladimir Putin sabe posicionarse siempre en el lugar correcto, justo donde es más visible, más controvertido y donde más afecta los intereses de Estados Unidos. Sólo esto último le asegura una enorme popularidad.

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