Los estadounidenses dicen: que los bancos paguen un impuesto especial por sus operaciones y de esa manera se podrá tener un colchón para futuras crisis.

Los canadienses afirman: no tenemos por qué imponer un impuesto a los bancos que operan en nuestro país si se manejaron con mucha prudencia antes, durante y después de la crisis financiera global.

Los dos tienen razón en sus planteamientos, pero los dos pertenecen a un mundo globalizado, donde las decisiones de gobierno deben ser consensuadas para lograr efectos positivos.

Hasta ahora, Estados Unidos tiene en mente y en proceso legislativo la aplicación de un gravamen a los grupos financieros, para que se pueda crear un fondo de contingencias que sirva en caso de una crisis, como la desatada en septiembre del 2008.

Europa, más que planes, está en la vía de imponer un impuesto a los bancos que operen en la zona de la Unión (aquí es donde Suiza respira dos veces) para hacer frente a futuros rescates.

Pero otras naciones con instituciones bancarias globales, como Canadá, están convencidas que no deben castigar así a sus instituciones bancarias, si en medio de la debacle se han mostrado responsables y lejos de ser el epicentro de la desgracia financiera mundial.

Este tema llega justamente a Toronto, a la reunión del G-20 del próximo fin de semana. Europeos y estadounidenses llegarán con sus propuestas de aplicar impuestos a los bancos. Los anfitriones más brasileños y australianos dirán que no a este tipo de cargas impositivas.

Claro que cada país, o bloque, tiene todo el derecho de establecer las medidas tributarias que mejor le convengan. Pero en tiempos de la globalización, una puerta de salida sin impuestos es como recrear los paraísos fiscales que tanto se han combatido. Estén en Caimán o en Berna.

Otra vez, la falta de acuerdos entre los gobiernos se convierte en un punto en favor de los posibles regulados, que tienen la ventaja del tiempo que pasa sin cambios.

Los primeros que se veían altamente entusiasmados con este impuesto eran los demócratas en Washington. Recién enfrentaban los estragos de la crisis financiera, empezaron a hablar de la urgencia de meter en cintura a los banqueros.

Pero la crisis empezó a suavizarse, los nada tontos banqueros empezaron a prepagar los préstamos del rescate y la opinión pública estadounidense se empezó a olvidar del tema de la vendetta fiscal hacia los bancos.

Este proceso de enfriamiento mediático se ha convertido en el mejor aliado de los posibles afectados y de sus aliados republicanos, que han hecho del tema uno para la congeladora legislativa. O al menos, uno para la emisión de una legislación light.

De hecho, en aquella cumbre en Estados Unidos de septiembre del año pasado, eran los gringos los más entusiasmados en convencer al mundo de la necesidad de ponerles topes a las ambiciones de Wall Street y demás centros financieros.

Ahora, los europeos que viven en carne propia los estragos de su crisis fiscal y están entusiasmados con la idea de cerrar cualquier posible fuga que desate una crisis futura, y los bancos están muy a la mano.

Entonces, la cumbre de jefes de Estado y de gobierno, del 26 y 27 de Toronto, podría adelantar un acuerdo entre todos. O lo que es lo mismo, la firma de una bonita carta a Santa Claus en donde no quede nada específico, sólo un compromiso vago.

La primera piedra

Después de la victoria de México sobre Francia en el Mundial, muchos se preguntaban si este resultado tendría algún efecto en la Bolsa de Valores. Y bueno, sólo lo previsible: muchos operadores y analistas llegaron un poco crudos a sus trabajos al día siguiente.

Pero el México-Uruguay podría tener efectos diferentes en las finanzas dependiendo su resultado. Un triunfo o empate de México garantiza su pase a la siguiente ronda. Eso sí tiene impacto.

Garantizar que habrá al menos un cuarto juego implica un impulso en las ventas de publicidad, cervezas, alimentos, hasta bienes duraderos. Entonces, si se da este resultado podríamos ver a las 11 de la mañana del martes que medios de comunicación y casas comerciales suban en sus precios.

Por el contrario, si la fórmula tras los dos juegos del Grupo A de mañana arroja a México de la siguiente ronda, es previsible que haya una afectación negativa. No sólo de las empresas directamente involucradas con la venta mundialista, sino con todas aquellas que dependan de un buen estado de ánimo nacional, que se vería seriamente dañado.

Así que ojalá que mañana México coseche goles y ganancias bursátiles.