Este enfoque del problema es frío, desconsiderado con el ama de casa que ha tenido que sacar el huevo de la dieta diaria, a pesar de ser el desayuno favorito de esta nación.

Pero es un hecho: el precio del kilogramo del huevo de gallina no tiene un impacto directo en la medición del Índice Nacional de Precios al Consumidor. Incluso los aumentos de otros alimentos, como el del pollo, los granos, el tradicional jitomate u otros productos agropecuarios, son paliados por el comportamiento de otros rubros.

Así es la vida desde ese ángulo macro. La medición, en promedio, permite esconder en la cifra final un problema serio en un sector específico y no permite dimensionar en su ángulo humano el tema del incremento en el precio del huevo.

Ahora, no todo es paz y amor en las grandes mediciones económicas de México. A pesar de la tranquilidad que muestran tanto el Banco de México como la Secretaría de Hacienda sobre el comportamiento inflacionario de los meses por venir, el mercado está un poco más inquieto.

Por lo pronto, la tasa de interés líder de los Certificados de Tesorería (Cetes) subió en la más reciente subasta y, ahora, paga un premio de 4.23% anual. Este incremento en los Cetes es una protección del mercado ante las presiones inflacionarias a la vista. Por si las dudas.

Los primeros victimarios involuntarios del precio del huevo han sido los medios de comunicación que han hecho del tema de la gripe aviar en granjas de Jalisco un asunto central en sus contenidos informativos, esto ayuda a divulgar la noticia.

Así tiene que ser, es obligación informar, pero esos datos en malas manos ayudan a generar una ola especulativa, que es lo que hoy tenemos. Por supuesto que no creo que haya que matar al mensajero, sería suicida, simplemente, explico.

Claro que tampoco nos ayuda el secretario Bruno Ferrari diciendo que el precio del huevo en la ciudad de México está fuera de control.

Cuando en pantalla aparece la noticia de que el kilo de huevo se vende en 40 pesos, más de un integrante de la cadena productiva se anima a incrementar precios.

Los que han ganado con esta situación son los especuladores. Pueden estar entre los productores, distribuidores o vendedores finales, pero ahí están.

La industria avícola argumenta que la pérdida de gallinas por la gripe aviar disminuyó la producción, vacunarlas también disminuye la producción. Vamos, dicen que hasta el día que llueve ponen menos huevos porque se espantan. Y con gallinas ponedoras espantadas ni cómo ayudar a la inflación.

Los comerciantes aseguran que no tienen más remedio que vender el producto caro porque así les llega. En los supermercados empieza a escasear el producto y eso genera una presión adicional.

En medio, los intermediarios que ahí están silenciosos en su labor de trasladar el producto de la granja al comercio son los que no se espantan por la amenaza de la Secretaría de Economía de abrir las fronteras, porque su negocio es distribuir, por lo tanto, tendrían hasta más trabajo.

Si la autoridad decidiera sancionar al comercio que vende el huevo caro, estaría afectando sólo al último eslabón de la cadena. Si la decisión fuera liberar de aranceles la importación, podría controlar el precio si consigue huevos baratos en el mercado internacional pero afectaría a los productores. Pero, ¿a los intermediarios cómo se les mete en cintura?

Es posible que el menor consumo de huevo ayude al precio y al control de los niveles de colesterol de la población. Pero no se trata de eso. El punto es tener una autoridad y un mercado suficientemente hábiles de controlar una burbuja especulativa.

Si el producto tuvo un incremento en su precio de 50% por una situación fortuita pero llega al consumidor con un aumento de 160% y nadie es capaz de frenarlo, se abre la puerta a otros aumentos especulativos.

¿Cómo se controla un precio en estos tiempos en que no se pueden poner precios oficiales? A través de pactos.

El precio de la tortilla se controló hace un par de años con la participación de las tiendas de autoservicio, que ganaron clientes vendiendo el producto a buen precio.

Ya debería Economía estar buscando a la ANTAD para acordar algún mecanismo de contraataque a la especulación. Al fin que si alguien sabe cómo hacer manita de puerco a los proveedores, ésas son las grandes cadenas comerciales, sin duda.

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