Seamos honestos, cuándo fue la última vez que compraste un disco o lo descargaste o añadiste a tu playlist de Spotify porque ganó un Grammy. Los premios de la academia de grabaciones son los trofeos menos valiosos (aún menos que los Golden Globes o los People Choice Awards), y sin embargo, cada año, despiertan pasiones, miradas aviesas y declaraciones irritadas entre los músicos.

La categoría Record of the year (grabación del año, que se da al artista y productor) puso frente a frente, al monstruo creado por YouTube y las redes sociales (el Despacito de Fonsi), a tres grandes del R&B: JayZ, Childish Gambino y Kendrick Lamar, y a otro músico R&B en su cara cercana al pop: el 25K Magic de Bruno Mars. La academia escogió esas cinco entre los miles de canciones grabadas durante el 2017 (primer tema para pensar).

No sorprende que el ganador de la noche haya sido Bruno Mars (aunque se etiquete de sorpresa). Tampoco que haya provocado erupciones airadas en otros músicos y redes sociales. Uno de los más certeros fue el sitio humorístico The Onion que apuntó: “Bruno Mars se lleva el codiciado premio al artista menos riesgoso”.

Muchos se preguntaron. ¿Esta es la música que representa el 2017? El mayor éxito de Mars en 24k Magic habla de chicas ardientes despertando el cohete en sus pantalones. Su ganadora como canción del año celebra “hacer el amor en alto estilo”. Mars tiene años en esa zona: su música es facilona, pegajosa, sobreproducida y bien ejecutada, pero fundamentalmente derivativa. 

Artistas de mayor vanguardia, como Lamar, pueden haber sido los favoritos de los críticos, pero su estilo agresivo y contestatario apasiona tanto como enfría: entropía pura. Por otro lado, Puerto Rico y Fonsi ya habían mandado hacer el estante para lucir sus gramófonos de plata. Iba a ser el primer premio en la categoría principal para una canción en español desde 1959. Despacito es la canción más descargada y el video más visto de la historia (hasta hoy). ¿Eso importa para ganar? (segundo tema para pensar).

Es claro que los votantes no eligen pensando en qué canción representará el año, que tampoco eligen a la más provocativa, arriesgada, innovadora o al mejor talento. ¿Qué votan entonces?

Este año causó polémica por una segunda razón. Así como los premios Oscar fueron vituperados por tener puros contendientes de raza blanca hace unos años, los Grammy se metieron en problemas… con las mujeres.

Durante la transmisión de la ceremonia, sólo Alessia Cara recibió un premio como Mejor Nuevo Artista. En los últimos seis años, se han nominado a 899 personas (reporta The New York Times), y sólo el 9% son mujeres.

Un tema al que no ayudó el presidente de la academia, Neil Portnow, quien declaró: “Las mujeres tienen que ponerse las pilas, porque yo creo que serían bienvenidas”. Una declaración aparentemente sostenida en un dato estadístico: De acuerdo a la USC (Universidad del Sur de California), sólo el 12% de los compositores y el 2% de los productores de las 600 canciones más importantes de los últimos cinco años son mujeres.

Por supuesto, las cifras no explican si el fenómeno es porque las mujeres “no se ponen las pilas” creativamente, como aludió Portnow, o si se debe a una discriminación sistemática de un medio cerrado (tercer tema para pensar).

Un artículo muy interesante de Kaitlyn Tiffany en The Verge, cita estos datos y se cuestiona si los hombres escriben el 88% de la música popular “porque sólo ellos participan en la experiencia humana y la saben traducir para conseguir resonancia trascendente”. Una pregunta que busca ahondar más allá de la evidente ironía.

Lo cierto es que todos los nominados a disco del año (album of the year) fueron invitados a presentar un número en el escenario excepto Lorde (que por lo visto no se puso las pilas). Para el productor del show no había problema en llenar la cartelera con otros números.

¿Podrá la Academia de grabaciones sacudirse esa imagen de macho discriminador que favorece la música blanda y comercial? Quizá haga falta una conversación entre Neil Portnow y Cheryl Boone Issacs de la Academia de Hollywood.

Portnow podría, por lo menos, tomar algunas notas sobre como cambiar la imagen institucional para parecer más incluyente. Es claro que cualquier cambio real tendría que darse en la industria entera, no vía la corrección política, las cuotas o la cacería de brujas al estilo #metoo. Pero bien podría comenzar con instituciones que deciden sacudir inercias y poner el ejemplo.

Twitter @rgarciamainou

Ricardo García Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).