Hace unos meses en esta columna hablábamos de la necesidad de una revisión de la política monetaria ante la creciente evidencia de que, desde la crisis financiera del 2007-2008, ha quedado rebasada. El actual debate en los principales bancos centrales sobre modificaciones a la inflación objetivo y la implementación de tasas de interés negativas es la prueba de esto. La urgencia con la que se debe actuar frente a la actual crisis no puede esperar a los resultados de este debate.

Al inicio de esta crisis, los principales bancos centrales bajaron las tasas de interés de referencia a niveles históricos e inyectaron enormes montos de liquidez en los mercados financieros. Con estas medidas, si bien se logró contener una crisis de liquidez, su impacto en la economía ha sido modesto.

En México, el banco central redujo, de manera muy paulatina, la tasa de referencia de 7.25% al inicio del año al nivel actual de 4.25%, un recorte importante pero insuficiente. La tasa de referencia en México sigue siendo la más alta, en términos nominales y reales, entre sus pares latinoamericanos y países en desarrollo. Acciones directas vinculadas al empleo y a la demanda tienen un impacto material en la economía, una reducción a la tasa de referencia de 0.25% no.

El soporte proporcionado por la agencia calificadora Fitch, para la ratificación de la calificación crediticia de México en la categoría de grado de inversión, revela medidas significativas para reactivar la economía. La estrategia del presidente López Obrador de evitar el endeudamiento público aunado con los esfuerzos del SAT para hacer crecer los ingresos fiscales culminaron en que México tenga uno de los déficits fiscales más bajos entre países de la misma categoría crediticia. Fitch también menciona factores que tuvieron un impacto directo y positivo en la demanda. El efecto rezagado del incremento al salario mínimo y el aumento en las remesas recibidas favorecieron el consumo inmediato por parte de los sectores más vulnerables.

La segunda ola de contagios en el mundo incrementa la incertidumbre en las políticas económicas ante la crisis. Hace unas semanas la Junta de Gobierno del Banco de México decidió mantener la tasa de referencia sin cambios. Es poco probable que Banxico reduzca la tasa de referencia en los próximos meses dada la preocupación, posiblemente excesiva, por un aumento en la inflación y el impacto negativo en las ganancias de los bancos.

Adicionalmente, organismos como el FMI y otros institutos de política han señalado que los gobiernos deben buscar alternativas a la política monetaria para remediar la falta de demanda y la capacidad excedente en la economía. Las economías desarrolladas podrán seguir inyectando largas sumas de dinero para estimular la economía. No es el caso para los países de mediano y bajo ingreso sin caer en un endeudamiento excesivo. Algunos observadores han señalado que países como Brasil y Sudáfrica, que recurrieron a incrementos de deuda para contrarrestar los efectos de la crisis del coronavirus, tendrán dificultades para acceder al financiamiento en el futuro cercano.

El gobierno mexicano ha utilizado estrategias orientadas a la autogestión de la crisis económica. La reducción de la dependencia al financiamiento externo y el mantenimiento de niveles sustentables de deuda. Los esfuerzos orientados a aumentar los ingresos fiscales, que incrementa la capacidad de inversión en salud, educación e infraestructura. Y el compromiso a mejorar las condiciones laborales de aquellos sectores en condiciones de vulnerabilidad son ejemplo de esto. El reto enfrente es profundizar y extender las estrategias a otros sectores de la economía.

Lucía Buenrostro

Actuaria por la UNAM

Columna invitada

Lucía Buenrostro es Maestra en Economía por El Colegio de México y Maestra en Matemáticas y Finanzas por el Imperial College (Reino Unido). Es Doctora en Economía por la Universidad de Warwick (Reino Unido). Ha desempeñado labores de docencia e investigación en la UNAM, en la Universidad de Warwick y en la Universidad de Oxford.

Cuenta con una amplia y sólida trayectoria en el sistema financiero internacional donde laboró por casi 15 años en Londres como responsable de áreas de administración de riesgos en la banca de inversión.

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