A la memoria de Manuel Suárez Mier, maestro y amigo

Pensé que ya nunca presenciaría una escena que hace décadas como niño era frecuente: personas recorriendo las calles cargando al hombro cilindros de gas en un desesperado periplo por obtener un llenado de tanque. Pues esto fue lo que observamos la semana pasada gracias a la muy desatinada medida de fijar un tope al precio del gas LP. En cualquier curso introductorio de microeconomía, lo que se aprende es que a pesar de que los controles están motivados por la mejor de las intenciones de querer apoyar la economía familiar, están destinados al fracaso por las distorsiones que causan: un precio tope por debajo del de equilibrio genera un desabasto, ya que a los oferentes no les es rentable producir y vender a un precio que no cubre sus costos. Surgen mercados negros, hurto del producto, abastos preferenciales a cambio de sobornos, una difícil supervisión de cumplimiento y se frenan nuevas inversiones de expansión en esa industria. Todo lo anterior no tiene que ver con neoliberalismo, es simple racionalidad económica.

Por décadas, la entonces Secretaría de Comercio y Fomento Industrial operaba un complicado régimen de precios topados de productos de consumo básico que llevó al fracaso. Pensábamos que habíamos aprendido la lección, hasta que la 4T, anclada en un pasado echeverrista, pensó que los precios tope son una buena idea. 

El mercado del gas es complejo. De arranque, los impedimentos burocráticos inhiben la competencia. Es un oligopolio productor de cinco empresas. Luego, las compañías distribuidoras son autorizadas por la Comisión Reguladora de Energía (CRE), junto con otras instancias que solicitan diversos permisos. Actualmente hay cerca de 40 con operación legal, pero casi 3,000 solicitudes no atendidas por la CRE, que permanece cerrada por la pandemia. Finalmente, el último eslabón de la cadena de distribución son los comisionistas independientes. Ese canal de comercialización está controlado por mafias familiares y de compadrazgo, que fijan precios al libre albedrío y establecen zonas de operación prohibiendo, inclusive con violencia, que otros penetren para vender en ellas. El mercado del gas es un ejemplo más de que abundan los captores de rentas en nuestra economía.

La solución no está en los topes de precios sino en que la CRE lleve a cabo una regulación y vigilancia amplia y efectiva del mercado y que se eliminen trabas para la competencia en la producción y distribución. Igualmente se puede apoyar a las familias de menores recursos con subsidios focalizados.

Sobre la inoperatividad de los precios controlados, basta ver otro ejemplo que es la salida de Messi debido al tope salarial impuesto por la liga española. Otro, es el congelamiento generalizado de precios y salarios que impuso Nixon en 1971. Dada la obstinación de López Obrador, este control puede llevar a topes máximos en los precios de otros productos, y tendríamos una situación muy disruptiva de controles a los precios del maíz, trigo, azúcar y todo lo que se le ocurra a la 4T que conduzcan a desabastos y mercados negros.

Twitter: @frubli

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

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