El balompié es un negocio complicado de rastrear. Las operaciones de compra-venta de jugadores son mecanismos ideales para el lavado de dinero.

El futbol no es sólo juego bonito y fairplay. Es un paraíso para el lavado de dinero. Lo sospecha, la sabiduría popular y lo confirman los informes de los organismos financieros que combaten el lavado de dinero. Pasa en Argentina, Brasil, Colombia, España, México y cualquier otro país donde haya un mercado boyante para el futbol profesional.

El Cártel de Medellín utilizó al Deportivo Independiente de esa ciudad para operaciones de blanqueo entre 1998 y el 2006. El magnate ruso Boris Berezovski se sirvió de la estructura del club brasileño Corinthians para borrar el origen de millones de dólares. Un hombre de negocios mexicano, relacionado con autoridades locales, adquirió un equipo de futbol y lo utilizó para atraer políticos y funcionarios de diferentes niveles de gobierno. Gracias a su equipo, tuvo acceso a personas que tomarían decisiones de proyectos públicos y pudo ganar algunas licitaciones millonarias.

Estas historias están documentadas y son conocidas en cada país. El caso mexicano está descrito en el informe que elaboró el Groupe de Action Financiere contra el lavado de dinero y difundió a mediados del 2009. No mencionan el nombre del empresario, aunque son muchos los que suponen que se trata de Carlos Ahumada. Si así fuera, estaríamos hablando del equipo León, a inicios de esta década.

El futbol es un mecanismo ideal para el lavado de dinero por muchas razones. Empecemos por lo simbólico: el balompié es un deporte muy popular y otorga un estatus especial a quien invierte en él. Lo convierte en una celebridad local o nacional y le ofrece posibilidades de hacer conexiones con las élites.

Más allá de la compra del prestigio social, el futbol atrae a los lavadores porque es un negocio complicado de rastrear. Las operaciones de compra-venta de jugadores son mecanismos ideales para el lavado de dinero. La cifra real invertida puede ser inflada y facilitar de un plumazo el blanqueo. ¿Qué auditor se atreverá a argumentar que aquel centro delantero que metió tamaño golazo en esa final no vale 10 millones de dólares, sino la mitad?

Vulnerabilidad es una palabra que aparece una y otra vez en el informe de la GAFI sobre lavado de dinero en el balompié. Los clubes son vulnerables, porque son administrados de forma poco profesional y viven en condiciones permanentes de precariedad financiera. Las ligas de futbol son vulnerables porque tienen un funcionamiento poco institucional.

En Argentina y Brasil, es un factor de riesgo la gran cantidad de operaciones que se hacen mediante corporaciones ubicadas en paraísos fiscales. En México, la opacidad de las finanzas de los clubes y la riqueza relativa del mercado interno futbolero facilitan la entrada de recursos ilícitos. Los clubes en el país son empresas privadas que no están obligadas a transparentar su información. Trátese de los aficionados que entraron con boleto pagado o el precio de un traspaso. Somos una de las 10 ligas que mueven más dinero en el planeta. No es necesario ser Einstein para deducir que es más fácil ocultar dinero negro en México que en Paraguay o Costa Rica.

El lavado de dinero llegó al futbol, no podemos tapar el sol con un dedo. Está ahí por las mismas razones que está en la industria, el comercio o en el sector financiero. La primera tarea para combatirlo es generar conciencia del problema, según GAFI. Lo demás es mucho más complicado y se resume en una frase: construcción de un Estado de Derecho.

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