El fracaso puede ser, en algunos casos, una forma de ganar dinero, tener un empleo y subsistir en un sitio donde apenas hay 18 puestos de trabajo para un gusto que tiene más de 70 millones de seguidores y que cada año se gradúan al menos 150 personas para buscar el sueño de llegar a ese lugar tan limitado. Y pese a ello, la derrota siempre termina por tener cabida en donde sea.

Un técnico de futbol puede subsistir en México siendo muy malo, pésimo y hacerlo con un salario más que digno. También es seguro que no es fácil soportar el fracaso, enfrentarlo y hacer tu vida cotidiana, el precio es muy alto. José Luis Trejo ha sido un estratega que ha pasado de un subcampeonato de Copa Libertadores y un título de Liga en el 2006 a la nada. ¿Por qué se puede pasar de la gloria al desprestigio?

Trejo es un entrenador que se niega a hablar siempre de su pasado inmediato. Es una persona respetuosa, educada y siempre tiene una repuesta política para salir del paso cuando se le cuestiona cómo manejar el fracaso de sus equipos anteriores. Este diario se lo ha cuestionado un par de veces; la primera, cuando dirigió a San Luis, y hace algunas semanas, en una entrevista publicada ya como entrenador de Pumas. En ambos casos se negó a hablar del tema.

En un ejercicio de interpretación de su comunicación no verbal, Trejo parece no pasarla bien. La estampa más significativa es el camino que tuvo de su banca al túnel del vestidor el domingo tras la derrota de su equipo en CU: cabeza agachada, corbata floja y vasos de refresco y cerveza le caían encima sin que él acelerara el paso, como aceptando que merecía aquel repudio.

No debe ser sencillo reconocer en la almohada que tu productividad ha sido de 8% en los últimos dos años, que apenas puedes decir que ganaste en dos de tus últimos 24 partidos de Liga y que nunca es bueno desempacar, encariñarse o sentir siquiera alguna cercanía, porque no hay mucho tiempo, pronto se deberá partir, porque es natural saber que no serás bien visto y será irremediable empacar e irse.

¿Cuál es el grado de sentimiento de culpa que tiene José Luis Trejo con él mismo al no cumplir sus metas? Solamente él lo sabe. Estudios científicos detallan que 30% de las personas que viven con culpa no logra cumplir sus metas. ¿Será que prefiere no hablar del pasado que incluye fracasos desde hace ocho años porque es algo que quiere evitar o evadir?

No ha de ser sencillo llegar al vestidor, a casa, salir a la calle. No tiene que ver con el menosprecio de la persona, es por el cuestionamiento: ¿por qué debo creerle a alguien que lleva fracasando casi una década? Es una pregunta natural.

Y lo peor para Trejo es que los entrenadores viven de la confianza de todos. El estratega es capaz de armar una revolución si le apetece. Sólo necesita que le crean. José Luis en los datos no tiene la fortaleza para ser digno de creerle: 19 victorias desde agosto del 2006 a enero del 2014. No resulta racional que un DT, que según vive de los resultados, pueda tener empleo con 2.3 victorias al año Un año tiene 365 días.

Sería una falta de respeto decir que Trejo nunca hace su mejor esfuerzo. Tan sólo por el hecho de que nadie piensa en perder, seguro esto le daña. El sentimiento de culpa es uno de los peores dolores que trae consigo el fracaso. No se asumen problemas, responsabilidades, no se acerca a las personas y no hay un cierre de ciclo adecuado.

Algo ha pasado con Trejo y seguro que él sabrá la respuesta de cómo pasó del éxito al ocaso. Pero el mercado mexicano da una lección de que siempre se puede vivir como sea, incluso cuando se fracasa, y si es así, la derrota se paga muy bien. ¿Cuántos no quisieran, así, ser unos perdedores?