Luis Almagro cree que su fracaso se podría maquillar a través de la reelección de la secretaría general de la Organización de Estados Americanos (OEA). La prueba fehaciente de su fracaso fue la creación del Grupo de Lima, pero no importa, Almagro realizó un acto de magia para vivir una realidad paralela en la que él hacia como que no existía el Grupo de Lima y este hacía como que la OEA no existía.

El 8 de agosto de 2017 nació en la capital de Perú un mecanismo que en la práctica tenía la misión de tomar la estafeta de una debilitada OEA que ya no podía cargar: el Grupo de Lima. El objetivo del mecanismo era desconocer la creación de la Asamblea Constituyente y tener en la auténtica Asamblea Nacional el único interlocutor con Venezuela. Entre los 17 países que lo integraron se encuentra Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, Chile, Perú y México. En la aritmética de la geopolítica era algo similar a: la OEA - Estados Unidos - gobiernos prochavistas.

¿Por qué nació el Grupo de Lima? Luis Almagro quemó las naves del organismo multilateral (OEA) por su obsesión sobre el régimen de Nicolás Maduro. Se olvidó de la necesaria equidistancia, que por estatutos, los integrantes del mecanismo esperan ver en quien lo encabece para ser una figura conciliadora entre las naciones de la región.

Tres años después del nacimiento del Grupo de Lima, la OEA se encuentra sin voz frente a la crisis de Venezuela, pero Luis Almagro logró la reelección pese a su fracaso. Sobre el Grupo de Lima, poco se puede decir más allá de que se ha diluido en su camino.

Fue en Cancún donde Almagro concluyó sus labores de facto al frente de la OEA. La XLVII Asamblea (19 al 21 de junio de 2017) no esperaba que varios países caribeños dinamitaran las resoluciones que Almagro, Luis Videgaray y algunos ministros de Exteriores de la región habían preparado para aplicar la carta democrática interamericana al régimen de Maduro.

En septiembre de 2020 el entorno en Venezuela presenta a un Juan Guaidó muy debilitado, tanto, como las instituciones democráticas que Maduro se ha dedicado a desmantelar. A diferencia de las elecciones legislativas de diciembre de 2015 donde la oposición acudió unida, en las elecciones del próximo diciembre la oposición no acudirá unida. La representada por Juan Guaidó no se presentará mientras que el resurgimiento de Henrique Capriles motivará la presencia en las urnas de una parte de la oposición. Capriles negoció con el régimen la excarcelación de un centenar de presos políticos, la presencia de observadores internacionales durante la organización de las elecciones y la restitución de las presidencias de los principales partidos de la oposición a los dirigentes que fueron sancionados hace algunos meses.

Frente a la impotencia de haberse quedado sin voz en el conflicto de Venezuela, Almagro ha decidido romper con lo que él mismo ha pedido a Maduro: respetar la división de poderes. Es Almagro quien trata de impedir que Paulo Abrao renueve su contrato como secretario de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por supuestas demandas de acoso laboral. Los propios integrantes de la CIDH no respaldan a Almagro. En estricto sentido, ellos tendrían que ser los principales afectados por las supuestas acciones de Abrao.

El pasado viernes en estas páginas, Maximiliano Reyes, subsecretario para América Latina y el Caribe de la SRE comentó que “la historia nos está dando la razón”; la negociación como única salida de la crisis democrática en Venezuela. “Desde un principio planteamos (...) debería ser llevada a cabo (...) sin la injerencia de países extranjeros”.

El error de Guaidó fue esperar todo de parte de Trump, un presidente con nula credibilidad en el exterior.

“Nuestra apuesta seguirá siendo por el diálogo y México como un facilitador”, comentó el subsecretario mexicano.

¿En dónde está Almagro?

fausto.pretelin@eleconomista.mx

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.