Hace unas semanas, la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos, por conducto de su Presidente, el saliente Ben Bernanke, anunció lo que todo el mundo sabía pero nadie quería escuchar: que el final de la política monetaria acomodaticia se encuentra cada vez más cerca. Esto es, que la Fed reduciría de nueva cuenta el monto de compras diarias de bonos en los mercados financieros, el llamado tapering.

Recuérdese que el estímulo fue recortado hace unos meses de 85,000 millones de dólares (mdd) mensuales a 75,000 mdd; y ahora, a 65,000 millones de dólares.

Esto implica una menor inyección de recursos en el mercado financiero y, por ende, el encarecimiento del dinero reflejado en mayores tasas de interés. Como se comentó en su momento en este espacio, en esta decisión debe hacerse una doble lectura: por un lado, que en efecto el dinero será cada vez más caro; y por el otro, que las autoridades están viendo que la crisis del 2008 está llegando a su fin y que los siguientes ejercicios podrían ser más optimistas. Para cuando se publique esta columna, se habrá visto qué tan atinada fue esta última previsión, ya que se habrá dado a conocer el dato de desempleo en Estados Unidos.

Mayores tasas, mayores flujos

En el concierto del mercado financiero mundial, mayores tasas de interés atraen flujos de inversión hacia países considerados menos riesgosos desde los más proclives a sufrir una debacle. Esto es justo lo que ha estado provocando una salida masiva de recursos de un lugar a otro en búsqueda de un techo seguro; en ocasiones de manera intempestiva.

La pregunta que analistas y operadores se hacen es, ¿hacia dónde? ¿A Estados Unidos, que no da muestras contundentes de recuperación? ¿A Europa, en donde los indicadores fiscales y económicos no han mejorado claramente ? ¿A Asia ? ¿A Latinoamérica ?

En esta guerra sin cuartel, en la que los países desarrollados compiten por igual con los menos desarrollados por atraer recursos, las implicaciones son crueles para los perdedores, pues la salida de capitales implica presiones internas y, como ocurrió en Argentina, Turquía e India, conlleva al encarecimiento de las monedas extranjeras de referencia.

Efecto cambiario

En pocas horas, las monedas de estos países, más los que se perciba que se encuentren en una situación delicada, como Brasil, perdieron valor frente a los referentes dólar o euro, o se verán presionadas en el corto plazo. Como respuesta, los bancos centrales de éstos y de otros países reaccionaron (o reaccionarán) con un incremento de sus tasas de interés, con el ánimo de detener la salida de recursos y fomentar una mayor estabilidad interna. El lado riesgoso de esta decisión es que las mayores tasas de interés también inhiben la inversión productiva y pueden llegar a afectar, de sostenerse en el largo plazo, al consumo y al crecimiento económico.

Las noticias recientes sobre la salud de las manufacturas en Estados Unidos y China no contribuyeron a detener la animadversión de analistas y operadores de los mercados, mismos que a la fecha han sufrido pérdidas que no se veían desde hace mucho.

Reacción local

El Banco de México, en su primer anuncio de política monetaria de este año, decidió mantener la tasa de referencia en 3.5%, dejando entrever un deterioro en el balance de riesgos inflacionarios como resultado de la aplicación de la reforma fiscal y una eventual depreciación significativa del tipo de cambio. Por otro lado, su comunicado reveló, por primera vez desde abril del 2012, una mejora en el balance de riesgos para el crecimiento de la actividad productiva.

En el ánimo de los inversionistas, alimentado por la serie de reformas que fueron aprobadas el año pasado, se permea una visión del país como un refugio y, más que eso, como un lugar para hacer negocios redituables. Los anuncios recientes de inversiones multimillonarias refuerzan esta idea.

Aun así, no debe dejarse de lado, como mencionó el presidente Enrique Peña Nieto durante su gira a Davos, Suiza, el problema irrenunciable de la seguridad en algunos estados de la República. Hacerlo sería un error de graves consecuencias. Debe continuarse con la lucha frontal y el desmembramiento de los grupos de autodefensa, antes de que se propaguen a otras latitudes y el problema sea doble.

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