¿De qué hablamos cuando nombramos el “feminicidio”? ¿Qué datos usamos y qué comunicamos con ellos? ¿Qué aspecto del problema enfatizamos y qué dejamos de lado cuando nos referimos a él como un todo?

Éstas y otras preguntas se plantearon el sábado 15, en un foro convocado por la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (UNODC, por su sigla en inglés), Emanuela Borzacchiello y Giulia Marchese, en la Casa Refugio Citlaltépetl, para discutir el uso de datos y mapas sobre feminicidio, que han cobrado auge en los medios, sin apegarse siempre al rigor que amerita la complejidad del asunto. Las académicas Patricia Castañeda y Lucía Damián, la abogada Andrea Medina, todas ellas con larga experiencia en el tema, Carolina Torreblanca de Data Cívica y Luisa Sánchez Iriarte de UNODC recordaron que no hay un solo tipo de “asesinato de una mujer por el hecho de ser mujer” y explicaron las dificultades que presenta la variedad de datos disponibles en las bases de Salud, Seguridad Pública o Inegi, ninguna de las cuales da cuenta clara y completa de la realidad por distintas deficiencias.

Las fuentes y su uso han sido problemáticos desde el inicio del feminicidio en Ciudad Juárez, en el que se hizo evidente la “danza de cifras” en torno a éste y otros delitos como la violencia sexual. Entonces ni siquiera se desagregaban por sexo los homicidios.

Hoy en principio podemos contar con mejores datos pero aún hay gran disparidad. Por ejemplo, lo que publica la SSP bajo el rubro “feminicidio” no incluye todos los asesinatos por razones de género, sino aquéllos que así consideró la autoridad municipal, si es que los reportó, conforme a la tipificación estatal y al criterio de quien examinó el caso. Dado que ésta varía, lo que se considera “feminicidio” en un estado puede no serlo en otro. Estas diferencias afectan también los datos internacionales, por lo que UNODC ha creado una clasificación internacional de delitos para fines estadísticos. Con base en ella, resulta que 75% de los asesinatos intencionales interpersonales de mujeres en el mundo los perpetran parejas o familiares. A su vez, Data Cívica ha creado una clasificación de “probable feminicidio” que permite distinguir un crimen misógino de otro tipo de muerte violenta de mujer.

Otra dificultad para informar es el uso de la palabra misma: cuando todo asesinato de mujer se denomina “feminicidio”, se pasa por alto que hay muertes por arma de fuego en que no media directamente la misoginia, aunque ésta sea estructural. Así mismo, cuando se reporta un suicidio que no se ha investigado a fondo, se puede obviar un asesinato doloso disfrazado de autodestrucción. Más allá de la palabra en sí, hay que recordar que el concepto se acuñó y difundió para distinguir las causas y características específicas de este tipo de muerte violenta, las “razones de género” que preceden al asesinato —y a veces quedan documentadas en denuncias previas—, y que a menudo se leen en las marcas específicas, la violencia sexual, con que se ataca el cuerpo femenino.

Un aporte fundamental del foro fue el énfasis en la recurrencia del feminicidio cometido por la pareja o la familia que, como mostró también Torreblanca en una gráfica, se mantiene constante en un nivel significativo, que puede asociarse con la desigualdad estructural de género y la misoginia interpersonal. En contraste, los asesinatos de mujeres y el feminicidio por desconocidos suben o bajan siguiendo una curva similar al de la violencia homicida general. Esto no significa que no haya feminicidios por desconocidos sino que más mujeres están siendo asesinadas como los hombres, a menudo con arma de fuego. En este sentido, los mapas que agregan como feminicidios todo tipo de asesinatos de mujeres, sin contrastar sus fuentes, contribuyen a visibilizar éstos, pero no a explicar la realidad.

Ante la persistencia del feminicidio de pareja y familiar, las autoridades deberían diseñar ya una verdadera política integral centrada en la prevención. Así, al menos se empezaría a atacar un núcleo duro que la sola política de seguridad no puede disolver.

@luciamelp

Lucía Melgar

Crítica cultural

Transmutaciones

Es profesora de literatura y género y crítica cultural. Doctora en literatura hispanoamericana por la Universidad de Chicago (1996), con maestría en historia por la misma Universidad (1988) y licenciatura en ciencias sociales (ITAM, 1986).