Abril hizo sonar las alarmas al Banco de México: una inflación superior al 6% se alejaba de manera importante de la meta que Banxico suele fijarse casi todos los años: 3+-1%. El nuevo gasolinazo -que AMLO prometió que no iba a suceder-, fruto del aumento del precio de los energéticos, tuvo la mayor parte de la culpa. 

Se ha empezado a especular acerca de si el banco central debe mantener las tasas como se encuentran, al 4%, o aumentarlas para disminuir cualquier brote inflacionario. Por lo pronto, cualquier disminución quedará cancelada en tanto no haya certidumbre que la inflación no aumenta más todavía o empieza a dar señales de que comienza a bajar. 

El mandato de Banco de México es exclusivamente mantener el poder adquisitivo de la moneda, mientras en otros países, como la Reserva Federal de Estados Unidos, su mandato es doble: controlar la inflación y promover el empleo. Esto ha llevado a Estados Unidos en las últimas décadas a mantener una tasa entre 0 y 025% por periodos largos, para evitar cifras de desempleo elevadas. Si lo comparamos con la posición del Banco de México en la crisis de 2008, éste mantenía tasas elevadas, por el control inflacionario, a pesar de que el desempleo se disparó varios puntos y la economía decreció 6%. Tasas de interés más altas con una economía parada son un golpe recesivo para la economía, como de hecho sucedió en México. 

Las alarmas se han prendido también ante el incremento de la inflación en Estados Unidos a una tasa superior al 4%, exacerbadas por el proyecto de Biden de inyectar 1.8 billones a la economía más 2 billones en un periodo de 8 años para renovar las infraestructuras en un típico programa neokeynesiano para reactivar la economía estadounidense. Cuando la economía está detenida, hay que tener más miedo al crecimiento del desempleo y a la falta de aumento del PIB que a la inflación. Como muchos autores han mencionado, el desempleo debería ser uno de los factores de los integrantes de la Junta de Gobierno de Banxico al establecer mensualmente las tasas de interés. Estos elementos son parte de la macroeconomía de los gobiernos en desarrollo que los bancos centrales deben gestionar. 

Es verdad que un aumento excesivo de oferta monetaria puede ser inflacionaria, pero no necesariamente. En 2008 la Fed inundó de liquidez los mercados, y Mario Dragui hizo lo propio en la Unión Europea y el fantasma de la inflación no apareció. Ni siquiera las compras de activos que realizó la Fed llevaron a incrementos de los precios, como algunos economistas temían. Otra cosa es que la compra de activos o que una economía sobrecalentada son el caldo de cultivo adecuado para el surgimiento de burbujas, que, si no se pinchan a tiempo, pueden llevar a la recesión, o todavía peor, a la depresión económica, como fue el caso de 2008. Es discutible el papel nulo, o casi nulo, de la política monetaria en una economía detenida, como ya señaló Keynes. A nuestro juicio, tras caídas del 8.5% en el PIB, deben utilizarse todas las herramientas de que disponga un país para activar el crecimiento, cosa que en México no ha sucedido al negarse López Obrador a incrementar el déficit público para apoyar a las empresas y a los consumidores. La política monetaria es uno de tales instrumentos, y no es tan neutra como consideró Friedman. Tasas de interés bajas ayudaron a que la crisis de 2008 fuera superada más rápidamente. Es más, estimo que tales políticas acabaron beneficiando al gobierno de Calderón a subirse al tren de la recuperación estadounidense para lograr la propia, dados los escasos apoyos -más bien simbólicos- del presidente Calderón a la atribulada economía mexicana después de la Gran Recesión. 

Es normal que tras una pandemia de más de un año de duración, la inflación crezca. Por otro lado, un país en desarrollo tiene más elementos para una inflación mayor -sus propios “costos de transacción” para operar son superiores que una economía desarrollada- que una economía sólida. No es de extrañar que la inflación se haya disparado al 6% el mes pasado. Pero consideramos que es meramente transitoria y que la inflación no es el único factor macroeconómico por el que debe preocuparse el Banco de bancos; más bien, debería tener un doble mandato, como la Fed, para estimular también el empleo junto con una inflación moderada. Éste es quizá una de las situaciones que han hecho que las recuperaciones tras nuestras crisis -incluyendo la actual- sean más lentas que en los Estados Unidos, junto al hecho de que se trata de una economía emergente.