Sin duda, uno de los principales factores que contribuyen al desarrollo económico es la educación, ya que la mayor escolaridad de la población genera importantes externalidades positivas. Destacan entre éstas, primero, que entre mayor sea la escolaridad de los individuos, mayor será la importancia que le asignen a la educación de sus hijos; segundo, mejores serán las condiciones sanitarias en las que viva la familia y de mayor calidad serán las medidas de salud preventiva; tercero, mayor será también la calidad de vida dentro del hogar, por ejemplo, mayor calidad de la vivienda; cuarto, entre mayor la escolaridad, particularmente el de las mujeres, menor tenderá a ser la tasa de fertilidad y de natalidad, por lo que el número de hijos por familia será menor y la calidad de los bienes y servicios que los padres proveen a sus hijos será mayor. Y quinto, entre mayor la escolaridad y mayor la calidad de la educación que se provee en el sistema educativo, menores serán los costos de la introducción de cambios tecnológicos en los procesos de producción y mayor será la productividad de los factores de la producción, particularmente la de los trabajadores, lo que repercute en un mayor salario y un mayor nivel de bienestar.

Por lo anteriormente señalado, es indispensable que, como política de Estado, se generen las condiciones para que los educandos tengan acceso garantizado al sistema escolar en los niveles de educación básica, media básica y media superior, pero que además la calidad del servicio educativo sea elevada. Y aquí es en donde estamos en problemas. Aunque la cobertura en educación básica es prácticamente de 100% y ligeramente menor en el nivel de educación media básica, la calidad del servicio educativo es notoriamente mediocre, así lo muestran los resultados de las pruebas Enlace y PISA. Y el resultado de tal mediocridad está a la vista: una población que está deficientemente educada y capacitada y que tiene como consecuencia una baja productividad en el mercado laboral, dificultando además la modernización tecnológica, principal fuente de crecimiento económico.

El grave problema que tenemos en México en materia educativa es la ausencia de libertad de la mayor parte de las familias para elegir a cuál escuela enviar a sus hijos, aunado a una absoluta falta de rendición de cuentas por parte de quienes proveen directamente el servicio educativo, es decir, los profesores. Nuestro sistema educativo está secuestrado por un sindicato que es económica y políticamente muy poderoso, un sindicato en donde los líderes ponen toda su atención en apropiarse de rentas a costa de la calidad de la educación que se provee.

Mejorar la calidad de la educación es imperativo y para ello se requiere un cambio estructural de fondo del sistema educativo nacional. Dos reformas son esenciales. La primera, otorgarle a los padres la libertad para que sean ellos quienes elijan la escuela para sus hijos, garantizando el gobierno el acceso al sistema educativo mediante un esquema de bonos de educación. La segunda, ligar el sueldo de los profesores con la calidad de la educación que impartan, instrumentando un efectivo sistema de rendición de cuentas. Con estas dos reformas se introduciría un esquema de competencia entre las escuelas derivando en una mayor calidad de la educación. Necesitamos expropiar el sistema educativo y quitárselo al SNTE y a sus líderes.

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