La crisis primero fue financiera y estadounidense y ahora es de deuda y europea. Las consecuencias son el lento crecimiento económico y una década perdida para los países periféricos del euro.

Si se cumplen las expectativas del Fondo Monetario Internacional, cinco países de la moneda única -España, Italia, Portugal, Grecia y Eslovenia- no se recuperarán al menos hasta el 2018, situándose al nivel de actividad que tenían antes de la crisis. Éstos son los casos más graves, el resto tiene una recuperación más temprana.

Las consecuencias económicas del anterior escenario para América Latina son menores exportaciones hacia Europa, lo que ya es evidente. Pero toda proporción guardada también le ocurre a China, que baja las proyecciones de su PIB ante la menor demanda europea.

Igualmente sufre un deterioro importante India, una economía que creció a 10% en el 2010 y que descendió su crecimiento a 7% en el 2011. Se estima que para este año sea de 5 por ciento. Contribuye también a ello la profunda parálisis política que vive esa nación.

La caída de la demanda de Estados Unidos, Europa, China e India significa una afectación de los principales motores del crecimiento económico mundial.

En estos contextos, México está relativamente menos expuesto porque su comercio es esencialmente con su vecino del norte, que ha ido sorteando las dificultades de su crisis.

México se vincula en las buenas y en las malas con Estados Unidos por ser un importante maquilador de textiles, automóviles, productos manufacturados o semiprocesados, gran receptor de turismo estadounidense y de remesas de sus migrantes, ahora, menguadas notablemente.

Y, como zona gris, haberse constituido en productor y distribuidor de drogas.

Los países de América del Sur se han orientado en sus relaciones económicas hacia Asia y, en menor medida, Europa. Colocan sus materias primas de exportación en las enormes bocas consumidoras de China e India.

Chile y Perú, con cobre e hierro; Argentina y Uruguay, con soya; Colombia, con carbón y café; Brasil, con todo debido al avance notable en su agroindustria.

En pocos años, se ha visto un desplazamiento de los países de América del Sur del mercado estadounidense hacia el europeo y asiático. Ello es por razones geográficas y también para reducir sus vulnerabilidades.

Mientras EU y Europa, principalmente, determinan si se detiene o prolonga más la crisis con acciones u omisiones -sobre todo por el retraso en las decisiones de los líderes y las instituciones políticas europeas-, es el tiempo para las políticas en América Latina que permitan avanzar en el desarrollo económico y, por tanto, en su base social, superando su condición de exportadora de materias primas y también de mano de obra barata.

Se requieren de inversiones grandes en infraestructura, en energía, comunicaciones, educación, tecnología para desarrollar su industria y los servicios de calidad que eleven los salarios.

También fortalecer las relaciones económicas entre los países de la región. Hay un enorme campo de posibilidades en la pequeña y mediana empresas.