“A cualquiera le entusiasma ser visto como una alternativa para presidenciable del PRI”, expresó cándidamente hace unos días el secretario de SHCP. Lo hizo en una reunión con legisladores del Partido Verde —de lo más nefasto de nuestra política— enfundado orgullosamente en un chaleco verde. Con la flexibilización de los candados del PRI, la candidatura de Meade está apuntalada. No es miembro del partido, pero de su padre, fiel priista, aprendió desde joven lo bueno y lo malo del PRI. Entre esto último, están las formas autoritarias con las que por ejemplo impuso, por encima de la ley, a la vicepresidenta del Inegi. Asimismo, está su afán de premiar la lealtad personal, al haber hecho nombramientos en su equipo cercano de trabajo sin el perfil y experiencia requeridos. De igual manera, ahora su “entusiasmo” lo hace apegarse a las reglas del reivindicado tapadismo y dedazo dinosáurico.

Meade es un economista competente con buena formación en el ITAM y la Universidad de Yale. Hasta donde se sabe, no está salpicado por algún escándalo de corrupción. Está en su pleno derecho de “entusiasmarse” con la posibilidad de ser candidato presidencial. Pero ello no es compatible con ser secretario de Estado. Se requiere un secretario de SHCP de tiempo completo, dedicado a la delicada tarea de las finanzas públicas y de la promoción de la estabilidad macroeconómica, que no están en su mejor momento. Hacer los amarres políticos necesarios para su candidatura “de unidad” requiere dedicarle tiempo a costa de descuidar su responsabilidad como miembro del gabinete. Por ello, sería altamente ético y responsable que se separara del cargo para explícitamente buscar la candidatura a la Presidencia. Lo mismo vale por supuesto para Osorio, Nuño y Narro.

De cualquier forma, tal parece que tarde o temprano EPN tendrá que designar a un nuevo titular de la SHCP. Para manejar una supuesta campaña de Meade, a éste le convendría tener a alguien de su confianza en ese puesto. Así, junto con Videgaray, podrían ser los operadores desde el gobierno de la campaña. Algo reprobable, pero son los usos y costumbres de este anquilosado priismo. En ese caso, la subsecretaria de SHCP podría ser la designada, a costa de socavar el funcionamiento de tan importante secretaría. Pero la ventaja comparativa de la licenciada Rubio es en cuestiones de organización y logística, así que también podría ser la coordinadora de campaña. Se ha mencionado que el titular de Pemex podría ocupar la SHCP. González Anaya es uno de los muy pocos funcionarios brillantes de este gobierno que valen la pena. Pero nombrarlo para el último año de este desprestigiado sexenio sería desperdiciar su talento; tiene todas las cualidades técnicas y políticas para ser un buen titular de SHCP de cualquier gobierno futuro. Pero por su cercanía con Meade, podría ser el encargado de la plataforma económica de la campaña, lo cual sí sería un indiscutible punto positivo.

Seguramente Meade está consciente de que, por más entusiasmo que desborde, éste probablemente le alcance para un tercer lugar en una contienda electoral limpia. En ese caso, deberá reservar su entusiasmo para el 2024.