A punto de arrancar diciembre del año pasado, poco antes de que fluyeran las filtraciones que infructuosamente trataron de frenar el regreso de Luis Videgaray al gabinete peñista, un ex legislador mexiquense confiaba divertido que en Los Pinos debatían sobre la estrategia para encarar las amenazas del recientemente electo presidente de los Estados Unidos.

¿Y qué si mandaran a (Carlos) Slim a Washington DC? Ya está claro que el ingeniero ni le teme ni se intimida ante Donald Trump , argumentó un asesor presidencial con fuertes nexos en la capital estadounidense, y siendo ambos magnates, no tendrán muchas dificultades para establecer una relación fluida, sin degradaciones .

¿El pragmatismo, por encima de la diplomacia? A saber. Lo cierto es que el equipo peñista se había atorado en la definición estratégica. De la incredulidad a la amenaza de Trump con respecto a construir un muro habían pasado a la negación y proscribieron la palabra renegociación , para referirse al emplazamiento del abanderado del partido republicano para definir el futuro del Tratado de Libre Comercio.

La modernización del TLC concepto 100% salinista, por lo demás se esfumó más rápido que la idea de encontrar un interlocutor eficaz con el nuevo gobierno del vecino del norte. De hecho, dos semanas después, Slim atendió una invitación a Mar-a-Lago. Fue una cena encantadora con un hombre maravilloso , diría Trump según el reporte de The Washington Post. Una reunión muy cordial, con un ambiente muy bueno para México , confirmaría Arturo Elías Ayub.

Hasta entonces, el mandamás de América Movil había esquivado cualquier acercamiento con Trump y durante la campaña, ambos intercambiaron epítetos a partir de la cobertura de The New York Times.

Para la administración peñista, el único reducto de acceso recaería inevitablemente en Videgaray gracias al doble tino de haberse acercado al empresario Jared Kushner, yerno del entonces candidato republicano, y haber ignorado la parsimonia que entonces permeaba en la Cancillería.

Slim, por el contrario, tomaría un atajo abierto por el consultor y diplomático guatemalteco Julio Ligorría, quien en México ha asesorado a la izquierda mexicana, como parte de un consorcio de estrategas iberoamericanos en el país.

El pasado jueves, justo antes de la primera conferencia de prensa ofrecida por el presidente electo de Estados Unidos, Ligorría estuvo en el despacho principal de la Trump Tower de Nueva York con David Duckenfield, Freddy Balsera y Carlos Giménez Jr., los socios principales de uno de los despachos más influyentes entre la comunidad latina asentada en el sur de la Florida.

Duckenfield y Ligorría también son bastante conocidos en la capital estadounidense. El primero sirvió como subsecretario adjunto de asuntos públicos en el Departamento de Estado. Antes, trabajó para Yahoo! y fue director de márketing para NBA en América Latina, con base en Miami, tras haber cumplido una intensa y formativa etapa como oficial de la USIA, que lo llevó a Bogotá y a la Ciudad de México. Por su parte, Ligorría radicó en Washington D.C. entre septiembre del 2013 y octubre del 2015, cuando fungió como embajador de Guatemala ante la administración Obama.

Los consultores políticos y el presidente electo conversaron durante media hora. Trump estuvo acompañado por su yerno. Y sin tiempo que perder, intercambiaron información sobre los flujos migratorios. Duckenfield y Ligorría se habían especializado en el tema, tras el hecho de que el Comando Sur en el que estuvo el general John Kelly, recién nominado como secretario de Seguridad Interior priorizara la atención del denominado Triángulo Norte de Centroamérica, integrado por Guatemala, El Salvador y Honduras.

La charla fue distendida y los protagonistas del encuentro describieron el estilo del magnate como muy enérgico y pragmático , destacó la crónica aparecida en Clarín de Buenos Aires, en la que también se consignó el interés de Trump por establecer vínculos con América del Sur.

América Latina requiere de políticas públicas firmes en la lucha contra la corrupción y el fortalecimiento de los sistemas de justicia como mecanismos que faciliten el desarrollo de los sectores más vulnerables , habría dicho Ligorría al presidente electo, el migrante latinoamericano debe ser visto como parte de la solución y no como un obstáculo .

Ligorría en México tiene un récord limpio en cuanto a gerencia de campañas electorales se refiere. Desde hace tres lustros ha cumplido con breves estancias como catedrático del Centro Interamericano de Gerencia Política, y para impartir cursos en el Tec de Monterrey, la Ibero y la Anáhuac.

El dossier de sus empresas incluye una alianza estratégica con la firma Zimat, pero no refiere mayores datos sobre sus colaboraciones con Mauricio De Vengoechea, Jaime Durán Barba y José Luis Sanchís en México. Justamente a través de este último, estratega de origen español, tuvo contactos con las administraciones perredistas que gobernaron la Ciudad de México entre el 2000 y el 2012.

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