En un coloquio celebrado en Washington, bajo el auspicio del prestigiado Centro Woodrow Wilson, un economista del CIDE (Carlos Heredia) dijo preferir las políticas de Strauss-Kahn en el FMI que las que había impulsado en México el actual Gobernador del banco central, en razón de que las de Strauss-Kahn priorizaban una agenda social de la cual carecía el caso local.

En principio, el tema admite una aproximación desde el ángulo retórico o comunicacional. A pesar de todas las acusaciones que se le han endilgado en el espacio ideológico a las políticas económicas que recomienda el FMI, éstas han respondido a la intención última de proteger el bienestar de las grandes mayorías. La diferencia comunicacional es que la administración de Strauss-Kahn hacía explícita (por escrito) esa finalidad.

El elocuente economista Carlos Heredia debería saber que a quienes más dañan las crisis de balanza de pagos son a los asalariados, a los pequeños ahorradores que mantienen sus ahorros en moneda local y a los pensionados. Es raro que los economistas progre –como probablemente se proclama Heredia suelan ser devaluacionistas; esto es que pidan tipos de cambio depreciados para supuestamente impulsar las exportaciones nacionales.

La extrañeza proviene de un hecho muy importante en la economía internacional: la vía por la cual las devaluaciones fortalecen la competitividad del país, cuya moneda se devalúa, es mediante una reducción de los salarios reales.

Mucho más importante es el tema de las intenciones y los resultados. En el debate, la denuncia de algunas políticas económicas fracasadas se ha dificultado porque éstas se plantearon con muy buenas intenciones. Pero como reza el refrán español: El camino del infierno está empedrado de eso .

En México, el caso de estrategias económicas que se fincaron en intenciones inmaculadas y terminaron en fracasos estrepitosos queda ejemplificado por el Desarrollo Compartido de Luis Echeverría y la borrachera petrolera que propaló López Portillo.

Una cosa son las intenciones y otra muy diferente los resultados. Júzguese a las propuestas de política económica desde esta perspectiva y se obtendrá una visión muy diferente y más realista.

En particular, con esa perspectiva puede desentrañarse la paradoja aparente de políticas que suelen etiquetarse como ortodoxas o conservadoras que resultan más benéficas para las grandes mayorías que las políticas progre.

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