Estamos cansados de leer notas sobre la preocupante situación de los derechos humanos en México; luego de la cultura cívica y ciudadana, el autoproclamado ombudsman incómodo, doctor Luis Raúl González Pérez, y el Poder Judicial son los encargados de vigilar los derechos humanos y las garantías ciudadanas para hacerlos valer.

Las instituciones del Estado deben ser tan responsables como independientes para desempeñar la función de salvaguardar el Estado de Derecho. En la inminente renovación de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), la fórmula independencia y rendición de cuentas es el ingrediente para asegurar la designación de personas capaces y aptas para avanzar en la transformación judicial que demandamos los mexicanos.

La rendición de cuentas judicial debe abarcar a toda la organización institucional del sistema judicial, de modo que se le pueda supervisar y exigir que rinda cuentas sin estar sujeto a influencias indebidas, presiones o amenazas de los otros poderes del Estado.

La rendición de cuentas, como componente del Estado de Derecho, implica que nadie está por encima de la ley, incluidos los jueces, los fiscales y los abogados.

La rendición de cuentas judicial existe para evitar el comportamiento impropio, inadecuado o poco ético de los profesionales de la justicia y, como tal, está estrechamente relacionada con la independencia judicial.

La independencia judicial no es absoluta, sino que está limitada por el marco establecido por la rendición de cuentas judicial que, a su vez, debe respetar los principios fundamentales de la independencia del Poder Judicial y de la separación de poderes.

Independencia, transparencia y rendición de cuentas son inseparables para el adecuado funcionamiento de las instituciones y del Estado de Derecho, son principios fundantes de los estados modernos que no deberían estar sujetos a negociaciones políticas, so pena de seguir destruyendo las instituciones nacionales, que pese a las malas gestiones han logrado subsistir y permanecer como garantes del estado mexicano.

El efecto Peña, en el proceso de renovación el Poder Judicial, no se circunscribiría sólo a este Poder; podría llegar al corazón del sistema político mexicano, en la medida que atenta contra el mecanismo de pesos y contrapesos republicanos, tan necesarios para que la balanza de la justicia funcione con la venda y, por lo tanto, neutralidad que caracteriza a su iconografía.

Gracias de corazón, queridos amigos, por sus buenos deseos y felicitaciones con motivo de mi cumpleaños.

@ErosalesA