He notado que en nuestro país, por razones que puedo concebir pero no probar, se considera que en general los europeos son muy listos, cultos, que no son avariciosos ni cegados por el dinero como nuestros vecinos del norte, etcétera.

Nunca he compartido ese punto de vista: las peores masacres organizadas en el siglo pasado las originaran los europeos. A nivel financiero, la tragicomedia que se vive en la Unión Europea (UE) es una muestra de la miopía e ineptitud de la clase política y de los jerarcas económicos, así como de la ignorancia de la situación por parte de la población en general.

¿QUIÉN TIENE LA CULPA?

En efecto, la creencia de la mayoría de los alemanes (que ahora son los buenos, ahorradores, trabajadores) y de muchos no europeos es que ellos prestaron su dinero a esos flojos, tramposos, etcétera, del sur: españoles, portugueses, italianos, irlandeses (son sureños honorarios pues eran colonia británica) y sobre todo griegos y que éstos se gastaron todo y no quieren pagar sus deudas.

La realidad obviamente es mucho más compleja y nadie está libre de culpa. Para empezar, el que presta es tan responsable de las consecuencias de ese préstamo como el que lo recibe los recursos. No hablamos de moral sino de finanzas.

El hecho que los alemanes tuvieran y tengan una cuenta corriente positiva gigantesca debido al bajo crecimiento de su consumo interno generó una serie de préstamos que infló los bienes raíces en España y generó un deuda en Grecia y Portugal durante los años felices, antes del 2007.

Asimismo, el sector privado en Irlanda generó un gran apalancamiento que no fue compensado por la mesura del gobierno.

Al caerse el teatro en el 2007, estas deudas salieron a luz y no sólo en estos países pues hay que recordar que varios bancos en Alemania, Suecia y la Gran Bretaña quebraron.

De allí surge un problema de cómo evitar que los países mencionados paguen sus deudas. Parte del problema es que la UE al ser creada generó el fenómeno de países con economías muy diversas y que conservaron su independencia fiscal pero que tienen una moneda en común y un Banco Central Europeo (BCE) que controla la política monetaria.

El hecho de imponer techos, pisos, etcétera, realmente fue un poco una farsa pues cuando Alemania o Francia los violaron nada pasó.

Al empezar la crisis griega se generó un fondo de cientos de miles de euros como apoyo a países en crisis. Si bien la cifra luce gigantesca en el fondo no lo es tanto por las múltiples restricciones para su uso y sobre todo porque cada país de acuerdo con su tamaño aporta una suma proporcional que, si de verdad la situación empeorara, no estaría disponible. Alemania y otros países buenos se han mostrado más que remisos a aceptar pérdidas. Han rechazado varias propuestas al efecto.

Asimismo, han impuesto programas absurdos en especial a Grecia que aún antes de firmarse eran incumplibles y que implican un nulo crecimiento, alto desempleo y el sacrificio de la población. Eso satisface el sentido de justicia de los alemanes, finlandeses, holandeses, etcétera, pues los sureños son flojos y en el pecado llevan la penitencia. De hecho, sin el apoyo del Fondo Monetario Internacional (FMI) la situación ya habría empeorado.

SEGUNDA RONDA DE LA CRISIS

Ahora nos encontramos en la segunda ronda de crisis mucho antes de lo predicho. Grecia es noticia otra vez. El mercado considera que sí habrá una reestructura en el mejor caso y la salida del euro en el peor. El bono griego a 10 años paga 16.5% al año mientras que el bono alemán paga cerca de 2.50 por ciento.

¡Los dos en euros! El BCE ha tomado postura y se niega tanto a lo mejor (reestructura, lo que suena inevitable) como a lo peor. De hecho el BCE ha comprado

45,000 millones de euros de deuda griega y parece que el FMI aportará otros 30,000 millones de euros.

El BCE afirma que no existe algo como una reestructura ordenada y que el caos acabaría con toda la UE. Sin embargo, los ministros de Finanzas de la UE consideran Grecia es insolvente y no puede pagar sus deudas y exigen una reestructura, en la que hay que aclarar que los diversos países no se han puesto de acuerdo todavía y además no quieren arriesgar nuevos préstamos provocando la furia del FMI y el BCE.

En esta semana se está preparando un nuevo paquete de austeridad, privatizaciones que según cálculos generarían 50,000 millones de euros, nuevas ayudas, etcétera.

El gobierno griego ha insinuado una salida del sistema del euro. Si realmente ocurriera o el gobierno dejara de pagar (lo que se llama un evento de crédito), los famosos CDS (Credit Default Swaps) que son seguros de protección del pago de un bono, tendrían que ejercerse y los aseguradores se verían al borde del abismo. ¿Quién cree el lector que son estos aseguradores? Pues sorpresa, ¡los bancos alemanes y franceses!

¿CUÁL ES EL PRO BLEMA?

El drama se acerca a un punto clave: si la UE o el BCE y el FMI no siguen prestando dinero fresco a Grecia por tiempo indefinido no hay otra salida que el default (del orden de 60% o más del valor nocional de los bonos) y la salida de Grecia de la zona del euro. Si al fin hay un compromiso y se continúan los préstamos, el costo político en los países nórdicos puede ser muy alto pues le regalan dinero a los flojos.

En los países del sur habrá la austeridad y el desempleo. El mayor problema es que no parece creíble que en tres o cuatro años, Grecia sea competitivo y pueda pagar más en el ambiente actual de debilitamiento económico. ¿Y, entonces? Puede que la deuda haya pasado al FMI y el BCE pero políticamente creo que la zona euro no subsistirá en su forma actual.

*Esteban Martina es doctor en Física en la UNAM. Su interés principal ha sido la valuación y análisis de riesgo de activos financieros, especialmente opciones y otros derivados. Actualmente es socio director de PRO Consulting.

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