El distanciamiento social, sin duda, es una de las medidas preventivas más mencionadas en época de Covid-19. En sociología sabemos que lo social no es un sinónimo de lo físico. Es decir, el distanciamiento social bajo la óptica sociológica no ocurriría cuando hay distanciamiento físico, sino cuando el vínculo social esté debilitado, o cuando los lazos de reciprocidad y solidaridad en determinada sociedad se vieran mermados.

Dicho lo anterior, en los modos de comer y en los nuevos usos que estamos haciendo de los espacios públicos a la hora de la comensalidad, existen cuestiones relacionadas con el distanciamiento físico que han revelado las características de desigualdad de nuestra sociedad.

Un ejemplo de ello, es la polémica que causó un restaurante de sushis en San Francisco. El restaurant que ofrece menús a partir de USD 200, instaló burbujas de plástico PVC con mesas en una plaza muy concurrida de San Francisco, ante la medida del gobernador de California de prohibir la apertura de los restaurantes que sólo tienen mesas de interior. Alrededor de la zona, hay miles de personas sin hogar que viven en las calles de esta ciudad. Las burbujas de PVC fueron instaladas no por mandato de salubridad, sino también como una barrera para que las personas que pueden costear de una cena de 200 dólares se vieran aisladas de la concurrencia de la plaza.

Este ejemplo, nos pone a reflexionar sobre los efectos del distanciamiento social post pandemia. Parecería que el distanciamiento también es un privilegio de quiénes lo pueden solventar: desde una cena en un restaurant aislados, hasta quiénes pueden quedarse en casa a trabajar, como lo habíamos señalado anteriormente en este espacio. Sin embargo, en el ejemplo del restaurant de San Francisco, subyace también un pretexto perfecto para acentuar las diferencias – y por qué no, las distancias físicas y las simbólicas – de habitantes de un mismo espacio público, pero con diferentes niveles socioeconómicos.

Sin duda, el distanciamiento físico es una de las medidas preventivas del Covid-19. Pero en ejemplos como este, pone a debate sin duda los distanciamientos cada vez más grandes entre quiénes pueden y no pueden llevarlo a cabo. La vivienda en la ciudad de San Francisco es una de las más caras de Estados Unidos que en años recientes, ha visto un aumento significativo con respecto a otras ciudades ya históricamente caras, como la ciudad de Nueva York. También es una de las ciudades de Estados Unidos con serio problema de personas sin hogar que viven en la calle. Con la pandemia, todos estos problemas sociales se agudizaron, revelando no sólo las desigualdades sociales, sino también cómo los esfuerzos por proteger del Covid son difícilmente acatados por todos los grupos de la población cuando se tienen desigualdades de base tan importantes.

Los efectos de la pandemia no sólo están en el número de muertos, en el número de contagios o en el colapso del sistema económico. Las medidas de prevención que en teoría, deberían de poderse ejecutar por todas las personas, revelaron que las desigualdades sociales hacen incluso muy difícil poder seguirlas, o en todo caso, no de la manera en la que debieran acatarse. Algunas otras medidas incluso, pueden servir de pretexto para alentar ciertas diferencias que se establecen cuando se tienen ciertos privilegios. Entonces sí, el distanciamiento social en el sentido sociológico dejaría un tejido social muy debilitado.

@Lillie_ML

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.