Los banqueros, al igual que el resto de los agentes económicos, están muy preocupados por la pérdida de salud macroeconómica de este país. Ese es su tema central en la agenda futura.

Por lo demás, con los niveles de capitalización que han logrado, con las altas tasas de colocación de créditos y con la estabilidad de la que hemos gozado como país por tantos años, se tiene el margen de maniobra para que la agenda de los banqueros en su convención de Acapulco sea político-electoral.

Andrés Manuel López Obrador se les adelantó y solito se puso en el ojo del huracán cuando lo agarró la tormenta de Nueva York. Sin ayuda de nadie, se desnudó como intolerante cuando mandó callar al padre de uno de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa y cuando en lugar de ofrecer disculpas reviró con una nueva acusación infundada en contra del ejército mexicano.

Pero mientras el eterno candidato a la presidencia se pinta de cuerpo entero, desde la tribuna de los banqueros posicionan un tema que no es trivial en la elección que viene: el populismo.

No es un tema nuevo en la discusión electoral mexicana, López Obrador lleva 10 años con ese discurso intentando hacerse de la presidencia de la República. En su momento, la única comparación accesible para los mexicanos era el régimen de Hugo Chávez en Venezuela.

Hoy aquél país mantiene el modelo en la figura del heredero del modelo, Nicolás Maduro, y lo que han ganado con su populismo es tener que declarar la emergencia humanitaria por falta de alimentos en ese país sudamericano.

Más allá de los venezolanos y su dificultad para liberarse de ese cáncer político, hoy existen muchos ejemplos de ese populismo que tanto daño está causando.

El mejor ejemplo de que el populismo no es exclusivo de las izquierdas es el presidente de Estados Unidos y la manera en que llegó al poder y cómo lo ejerce.

A la lista se suman casos europeos que hasta ahora no han logrado acceder al poder, pero ahí están: Francia, Austria, Holanda, Cataluña.

En México, la discusión del peligro del populismo va más allá del discurso de un presidente priista que sube a la tribuna de los banqueros a denostar esta política cuando hace apenas algunos días estaba en el estrado del Partido Revolucionario Institucional haciendo campaña para su partido.

El peligro del populismo lo proyectó mucho mejor el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, quien en ese mismo foro bancario dijo que hay que proteger y acrecentar el legado de las reformas estructurales emprendidas por esta administración.

Ese es un peligro real del rupturismo populista. Hay la tentación de destruir para que, a través de una solución mágica, se encuentre una alternativa mucho mejor.

Ahí está Trump despedazando el Obamacare para inventarse algo que no gusta ni a los republicanos.

En México desde la reforma energética hasta el nuevo aeropuerto del valle metropolitano pueden ser borrados de un plumazo, simplemente porque no le gusten a una sola persona.

Ahí está pues el banderazo de salida a la discusión de las agendas rumbo a las elecciones del 2018. En lo que llegan los contendientes de López Obrador que ahora está solo en la carrera.