El cambio climático se ha convertido en un tema de mayor preocupación, especialmente desde la firma del Protocolo de Kyoto en 1997, donde 55 países acordaron disminuir sus contaminantes y en consecuencia, contribuir en la reducción del calentamiento global de la tierra.

Esta preocupación se fundamenta en los efectos desastrosos sobre el planeta que los expertos han pronosticado: deshielo de los casquetes polares y glaciares continentales por el incremento de la temperatura; aumento en la variabilidad del clima, sequías e inundaciones entre otros.

Una de las causas principales del calentamiento global es la acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera, por el uso de combustibles derivados del petróleo en la industria del transporte y plantas industriales.

Una alternativa para la reducción de la emisión de dióxido de carbono es el aprovechamiento de fuentes de energía renovable conocidas como biocombustibles, como el etanol que se obtiene a partir de maíz, caña de azúcar, remolacha azucarera, yuca, trigo, sorgo dulce y cebada; y el biodiesel que se puede obtener utilizando como materia prima canola, soya, jatropha, higuerilla y girasol entre otros.

Los biocombustibles emiten menor cantidad de contaminantes que los derivados del petróleo; pueden propiciar un desarrollo regional en los lugares donde se establezcan las empresas productoras de éstos. Existen países como Brasil que produce etanol a partir de caña de azúcar y han desarrollado tecnología, que demuestra la viabilidad técnica de esta alternativa.

Sin embargo, la materia prima para la producción de biocombustibles compite con la materia prima destinada para elaboración de alimentos para la humanidad, presentándose un dilema que ha provocado controversia en los países que han tomado la decisión de impulsar la producción de biocombustibles, principalmente cuando se utilizan granos básicos como el maíz y trigo.

Sea cual sea la decisión, es necesario iniciar el desarrollo tecnológico para la generación de biocombustibles, desde la identificación de las zonas geográficas con mayor potencial de producción, generar tecnología para la producción de la materia prima, ya que actualmente no se cuenta con suficiente información para la toma de decisiones en proyectos de inversión de esta naturaleza.

*Artemio Martínez Ruiz es especialista de la Dirección de Consultoría en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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