Imaginemos por un minuto que la paridad peso-dólar se encontrara en 25 por 1. Sería sinónimo de un muy bajo poder de compra, porque las importaciones serían prohibitivas en sus precios.

Pero al mismo tiempo, los exportadores estarían fascinados con ese nivel de cotización, pues encontrarían una enorme ventaja competitiva con el precio de sus productos.

Eso pasaría si el gobierno mexicano tuviera como política el impulso de las exportaciones sin importar las consecuencias del mercado interno y si tuviera una nula oposición interna a mantener devaluado el peso para lograrlo.

Ésa es China. El plan de nación que se tazó el Partido Comunista Chino y sus gobiernos fue generar crecimiento económico a cambio de subsidiar con el bienestar de su población su alta competitividad.

El renminbi (RMB) o yuan, como le conocemos de este lado del mundo, es una moneda diseñada para dar una ventaja competitiva a sus exportaciones. Sacrifica el poder de compra de los ciudadanos chinos a cambio de lograr gangas en los mercados externos.

Pero todo tiene su límite, aunque se trate de la poderosa China, agotó la paciencia de sus competidores.

Estados Unidos amenazó con una guerra comercial al gigante asiático si no dejaba de hacer trampa con su moneda. Y hasta hoy, lo que el gobierno de Beijing ha hecho es ganar tiempo.

La más reciente jugada del gobierno chino fue la promesa de que ahora sí el RMB será una moneda sin amarras. Al menos no tantas.

¿Qué pasaría si los chinos tuvieran una moneda que les permitiera ver con ojos de consumo los productos de importación? Exactamente: se dinamizaría el mercado más grande del mundo.

China, dicen las cifras por todos conocidas, tiene algo así como 1,300 millones de habitantes. Pero más de la mitad de la población de ese país mantiene condiciones de vida muy similares a las de hace 100 años. Poblaciones agrícolas, de autoconsumo, que no están sumadas al milagro económico.

Pero habrá entre 500 y 700 millones de chinos que sí han mejorado sustancialmente su forma de vida. Desde los obreros que tienen un salario suficiente para cubrir sus necesidades básicas, hasta una creciente clase media que demanda productos de consumo como occidente.

Entonces, este lunes los mercados imaginaron una China consumidora. Imaginaron lo que implica que esos millones de chinos tengan renminbis en la bolsa donde realmente valen.

Por eso, el petróleo y el resto de los commodities subieron sus precios. Por eso es que las expectativas de una mejora en el comercio internacional, impulsada por olas de chinos demandantes de productos terminados, hicieron que las bolsas subieran este lunes.

También por eso, exportadores como México sintieron que dejarían de competir contra la injusta moneda tolerada que constituía una competencia desleal.

Pero China tiene poder y el poder se ejerce. Hacia adentro, el gobierno dice cuándo los ciudadanos tienen el derecho a subir su poder de compra y hacia fuera tienen el tamaño de decirle a Europa o a Estados Unidos que ellos soltarán las amarras de su tipo de cambio, pero a su ritmo. O sea, cuando ellos quieran.

La fiesta se acabó o, al menos, no será tan animada como parecía en un principio.

La primera piedra

Alguien los espió y descubrió lo que hacen con el presupuesto público.

A estas alturas, Fidel Herrera Beltrán, gobernador de Veracruz, ya debería haber presentado su renuncia. Y Ulises Ruiz debería estar en el camino de hacer lo mismo. Por no recordar que Mario Marín de Puebla debió haber renunciado hace muchos años.

Al mismo tiempo, la PGR debería tener como una de sus prioridades la investigación del delito de espionaje, agravado por la calidad de los personajes que fueron afectados.

Pero no pasa nada. Ni los cínicos y confesos gobernadores van a renunciar, a pesar de que está claro que no están a la altura moral y ética que requieren sus estados. Ni la PGR va a meter las manos en la investigación de este claro delito.

Lo más curioso de todo esto es que pareciera una estrategia de golpeteo político a unos días de las elecciones, como para desprestigiar a sus candidatos. Que por más apendejados que estén, llevan la delantera.

Pero no, una segunda lectura de este episodio deja ver algo sorprendente: tanto Fidel Herrera como Ulises Ruiz habían mostrado su deseo de competir por la dirigencia del PRI.

Y con la novedad de que los audio-escándalos son la manera perfecta de marginarlos de esa intención.

Lo que le deja la puerta abierta al grupo más cercano a Toluca. Sí, ahí donde despacha el Gobernador que en estos días más se ha quejado del espionaje.