Los eventos de telecomunicaciones nos muestran cómo los avances tecnológicos nos están transportando a un mundo donde la información será el motor principal de crecimiento económico.

Pocos dudan de que el camino hacia ese desarrollo digital impactará en el ser humano de formas diversas, desde su comportamiento hasta su visión del mundo. Estamos hablando sobre un futuro no tan lejano donde el hombre es un ser hiperconectado donde su inteligencia será complementada por datos que solicite en tiempo real a una máquina que lo acompañe en todo momento. Sí, quizá las gafas de Google llegaron antes de que el mundo estuviese preparado en adoptarlas.

Los cínicos podrían afirmar que esta nueva vida lo que fomenta es una malsana dependencia en máquinas que puede, entre otras cosa, desestimular el aprendizaje de las personas. ¿Para qué aprender una nueva lengua o fórmulas matemáticas complejas si con tan sólo alzar la voz y preguntar al servicio de inteligencia artificial del hogar se obtiene una respuesta? ¿Acaso hay incentivo para que el conocimiento agregado de las personas no esté ligado a su función como ente que fomenta la productividad?

Precisamente es en este bucólico jardín donde con la tecnología todo es posible que cabe peguntar quién está definiendo y separando lo aceptable de lo inmoral.

¿Quiénes estarían detrás del deseo de nombrar todas las cosas y como nuevo Adán controlar con palabras todo a su alrededor? Algunos apuntan a los gobiernos como sobrevivientes de un mundo cada vez más privatizado mientras que otros han visto como real la distopía de la que no han podido escapar con estados convertidos en empresas y humanos en simples activos temporales que se amortizan anualmente.

Todo lo anterior son posibilidades que fuerzan gran meditación. Al final de cuentas, es gracias a la tecnología que por primera vez el mundo no parece lleno de sorpresas. Es un espacio cuantificado, medido y googleado. Lo inevitable es el arribo de una nueva deidad. Una que haga potable tanto rechazo a las creencias de nuestros abuelos mientras se van digiriendo múltiples voces, distintas perspectivas y la confianza. O es que nadie ha pensado, ¿cuál será el alcance de la sociedad digitalizada si existen tantas visiones distintas de la humanidad?

Si tomamos en consideración que la digitalización se dará principalmente en zonas urbanas y quienes a estas alturas no se encuentran conectados viven en localidades rurales o simplemente exhiben niveles de pobreza tan grandes que autodigitalizarse no es una opción, entonces, ¿cuál es el futuro de la transformación digital para ellos? Es el mismo problema de la humanidad, la inclusión, pero con nuevas tecnologías.

Asimismo, si no ignoramos el poder de las palabras y los contenidos que consumimos cada vez son producidos por una cantidad menos de medios. ¿Cuál podría ser el futuro si las noticias que se consuman provengan del mismo lugar convirtiendo en realidad los datos alternativos y el odio que exhiben algunos sectores pudientes de la sociedad occidental?

¿Cómo se manifestará el odio en un mundo hiperconectado, si hablo del racismo, la misoginia, la homofobia o el clasismo? ¿Cómo se amoldará la regulación global para regular la intolerancia o nuevamente veremos la dignidad humana sucumbir a los mismos de siempre?

Sé que parece demasiado alejado lo que planteo, quizás más digno de un libro de Ursula K. Le Guin, Alan Moore o Margaret Atwood. Sin embargo, son temas que ya en el pasado de alguna manera fueron abordados por Asimov y Orwell. Lo interesante es que cuando se coloca una lupa en algunos mercados de telecomunicaciones vemos cómo quien realmente manda en un país es el ciudadano con más dinero y su principal portavoz no es necesariamente el CEO de su empresa pero el mandatario del país.

También queda la posibilidad de que todo lo anterior fuese una simple fantasía que sirve como preámbulo al día de los muertos.

* José F. Otero tiene más de 25 años de experiencia en el sector de las TIC. Esta columna es en título personal.

José F. Otero

TIC y Desarrollo

José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC. Esta columna es a título personal.