Se suponía que uno de los temas a ser abordado en el segundo debate de los candidatos presidenciales del pasado domingo era el del comercio internacional. Pero ninguno lo tocó con la debida atención, apenas y unas menciones obvias, superficiales y trilladas. Opiniones sobre la renegociación del TLCAN y de que no se pudo cerrar un acuerdo en principio unos días previos al debate estuvieron totalmente ausentes.

Sorprendió favorablemente que López Obrador dijera que “estamos de acuerdo con el TLCAN”. Pero tuvo un gran desatino al mencionar que, cuando a él le toque renegociar el acuerdo, va a ir más allá del tema comercial y va a “incluir una nueva Alianza para el Progreso”. Esto es un disparate. Esa Alianza la establecieron López Mateos y Kennedy en los años 60 en un entorno muy diferente: para contrarrestar la amenaza comunista en Latinoamérica y en un contexto comercial de proteccionismo y economía cerrada.

Los tres candidatos principales estuvieron de acuerdo en que el TLCAN debería incluir una cláusula para homologar el salario mínimo en la región. Pero se ve que desconocen lo que se ha discutido en la mesa de negociación sobre las complicaciones para lograrlo.

El 17 de mayo, un comunicado del comisionado Lighthizer fue muy claro: “un acuerdo no está nada cerca pues aún persisten amplias diferencias”. Como se ha señalado hasta el cansancio, son bien conocidos los cuatro temas delicados en los que persiste un desacuerdo fuerte.

¿Qué sigue ahora para el TLCAN? La renegociación entra en otra fase. Desde luego persistirá la constante incertidumbre de un capricho de Trump de mandar un tuit a las 4 de la mañana anunciando que su país invocará el artículo 2205 para abandonar el tratado. Pero lo más probable es que los tres países, en su afán por demostrar buena disposición para seguir conversando, sigan con las pláticas a lo largo del año, pero no sobre los cuatro temas delicados. Las conversaciones se volverán menos intensas una vez que pase la elección en México y el nuevo Congreso mexicano esté a la espera de las elecciones del congreso norteamericano en noviembre. Con esto, las condiciones están puestas para que el nuevo gobierno retome las pláticas en el 2019. ¿Se habrán perdido todos los acuerdos alcanzados en el 2018 y la negociación partirá de cero? No lo creo así. Hay acuerdos técnicos y avances que no tienen por qué ser rechazados. Tampoco haría sentido que un nuevo gobierno cambiara al equipo negociador. El conocimiento acumulado y la experiencia de la tripleta Guajardo-Baker-Smith es un capital humano que no tiene por qué tener un color partidista. Lo que seguramente sí ocurrirá es que la tripleta tendría un jefe de la confianza del presidente para coordinarlos. En el caso de López Obrador, ya se sabe que éste sería Jesús Seade.

Así que para el resto del 2018 el TLCAN deberá dejar de ser una incertidumbre. Ya lo comentábamos en esta columna en noviembre del 2017 que lo más probable es una firma del TLCAN en el 2019 o en el 2020.