Un momento clave del actual proceso electoral —que se encuentra en plena ebullición—será cuando los candidatos en contienda se enfrenten en debate. En favor de “la democracia sin adjetivos” que aspiramos a fortalecer, ese debate —que debe esperarse con grandes expectativas— será oportunidad para, cuando menos, contrarrestar el efecto desorientador de los spots propagandísticos y las declaraciones de banqueta que en poco contribuyen a darle calidad a nuestro sistema electoral.

El tema fue puesto en el escenario por el presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Juan Pablo Castañón, en ocasión de la reciente asamblea de tan importante organización. Como parte muy relevante del actual proceso electoral, dicho dirigente solicitó a los candidatos aspirantes que lleven a cabo un debate “serio, profundo y responsable”. Ello, con la finalidad de que cada uno de ellos explique con la mayor claridad posible “qué es exactamente lo que proponen y cómo plantean lograrlo”.

En dicha asamblea del CCE, su presidente Castañón presentó en nombre de ese organismo una agenda en la que se aporta una “visión clara de país e ideas puntuales para alcanzar las metas”. Según dicho dirigente, esa agenda pública se apoya en cinco ejes. Primero, un “México seguro con legalidad y justicia”; segundo, un país “próspero e innovador, con crecimiento y empleo”; tercero, un México “con igualdad de oportunidades”; cuarto, “gobiernos eficientes y transparentes” y quinto “un país sustentable” con uso de “energía limpia”. Como se aprecia, un catálogo de metas irreprochables para todos, pero ayuno de las propuestas y políticas necesarias para alcanzarlas.

En la parte medular de la intervención de Castañón en el citado evento, dicho líder afirmó que “los empresarios no tienen candidato ni partido”. La expresión es claramente un mero formulismo retórico vacío de contenido. Los empresarios siempre tienen en cuenta o simpatizan con el candidato o el partido cuyas ideas o propuestas sean más afines con las que ellos profesan. A manera de ejemplo, los empresarios no pueden ser neutrales o indiferentes ante un candidato o un partido que se manifiesta como contrario de la propiedad privada o la economía de mercado, que ellos naturalmente defienden. Al respecto, dicho dirigente casi hizo un retrato hablado de los candidatos indeseables como aquellos que “sólo apelan al encono social y la división” o que lleven a “privilegio o caudillismo”. ¿Alguna idea de cuál candidato se apega mejor a dicho perfil?

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico