Los diputados federales encabezados por Mario Delgado afirman que quitaron los candados para comprar medicinas fuera del país y que esto romperá el monopolio de empresas abusivas en México. 

Los empresarios de la Canifarma afirman que se perderán decenas de miles de empleos en el país y que el gobierno corre el riesgo de tener más desabasto de medicamentos.

Ni Delgado, ni sus huestes, ni los empresarios ni los encabezados nos están contando la historia completa. Partamos de una premisa: la competencia es saludable porque inhibe la complicidad, castiga a los abusivos, mejora los productos y baja los precios. Por lo tanto, si la industria farmacéutica mexicana, que ni es monedita de oro ni la niña pobre de las cerillas en un cuento de Hans Christian Andersen, enfrenta competencia de chinos, gringos o alemanes que traen oncológicos más baratos y más rápido, no queda más que aplaudir.  

Pero ahora vayamos con el cuento que nos contó el diputado Delgado: érase una vez una reforma que se hizo para acabar con el desabasto, el monopolio y la gandallez, fin. ¿Fin? No, diputado, ese no es el final y no vivieron por siempre felices, porque la reforma en pocas palabras dice: haremos una excepción para que no se cumpla nada de la ley en ciertos casos.

¿Con eso van a combatir el agandalle? El parrafito que se les ocurrió exenta a todas las entidades y dependencias del cumplimiento de la Ley de Adquisiciones, Arrendamientos y etcétera cuando se trate de salud y se haga a través de organizaciones internacionales.

Y eso no era necesario. La ley ya permitía hacer compras en el extranjero (¿o cómo creen que se compró el avión?), dando prioridad a proveedores nacionales. ¿Cuánta prioridad? Hasta 15% del precio. Si no hay en el país o los proveedores están inhabilitados o están por arriba de ese 15%, el gobierno podía sacar la cartera en 46 países con los que tenemos tratados. Por si no lo sabían, las licitaciones internacionales están previstas. 

¿Qué hace la reforma? Le abre la puerta a las autoridades federales para tramitar compras directas donde sea y como sea si lo hace de la mano de la ONU, la OMS, la UNOPS, y similares. Esa una bofetada a una industria que no tenía precios 15 por ciento arriba, sino 600% arriba, pero es una de esas bofetadas que dolerán más en la mano: eliminaron de un plumazo todas las obligaciones legales y metieron en el mismo saco a todas las organizaciones internacionales. Y cuidado, porque si no es con la UNOPS, que ha diseñado protocolos estrictos de compras gubernamentales, hay un barranco enfrente. Así como lo hicieron, las dependencias nacionales ya no tienen que cumplir con esos detalles molestos como reportarse con la Secretaría de la Función Pública, dar voz a la Secretaría de Economía, tener un comité de adquisiciones y seguir las reglas de licitación o adjudicación o evaluación del gasto. No tienen que registrar ni una jeringa ni un ventilador en CompraNet ni seguir las reglas nacionales para firmar contratos. Además (¡además!), pueden asegurarle a sus proveedores que no serán nunca sancionados ni multados ni molestados si entregan algo podrido porque qué creen, la ley de adquisiciones no aplica para ellos.

Este cuento no puede terminar bien. Necesita un ajuste  si lo van a usar para combatir el agandalle.

Ivabelle Arroyo

Politóloga

La Sopa

Ivabelle Arroyo Ulloa es politóloga y analista, con 24 años de trayectoria periodística. Es jurado del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter en México. Dirige una revista digital sobre política capitalina y escribe para medios jaliscienses.