Una recesión siempre ejerce presión sobre la autonomía de los bancos centrales ante el desafío de reestructurar la economía real y adoptar instrumentos no ortodoxos.

La pandemia desató tensiones que eran anticipables entre la política monetaria, la fiscal y la estabilidad financiera. Los bancos centrales se vieron enredados en este dilema. La semana pasada se llevó a cabo el segundo webinar sobre “el covid y los bancos centrales”, auspiciado por Columbia University a través de su Escuela de Asuntos Públicos Internacionales (SIPA). Participaron Veerathai Santiprabhob, gobernador del Banco de Tailandia; Athanasios Orphanides, exgobernador del Banco de Chipre, y Kathryn Judge, profesora de la Escuela de Leyes de Columbia. Reproduzco algunos temas interesantes que se abordaron, que si bien se vieron en el entorno global arrojan algunas reflexiones para el contexto de México.

Los panelistas coincidieron en que los bancos centrales (BC) reaccionaron rápidamente a la crisis del Covid-19 y que era necesaria una enérgica respuesta en apoyo a las acciones fiscales, adoptando instrumentos novedosos, bajando las tasas de interés sin titubeos e involucrándose mucho más de lo acostumbrado en procedimientos de reestructuración de deuda. El tema principal y más urgente fue enfrentar las condiciones de iliquidez y solvencia. Pero ello implicó mucha cautela para evitar interferencias y presiones del gobierno, pues éstos saben del gran poder de los BC para crear liquidez. Un riesgo a la autonomía es pensar que los BC pueden canalizar grandes recursos a la recuperación sectorial de la economía. La Reserva Federal de Estados Unidos otorgó créditos de manera directa, actuando como “prestamista de primera instancia”, lo cual es truculento, controvertido y arriesga la independencia.

Una recesión siempre ejerce presión sobre la autonomía de los BC ante el desafío de reestructurar la economía real y adoptar instrumentos no ortodoxos. Los participantes plantearon lecciones importantes para preservar la autonomía y evitar la interferencia gubernamental:

1. Que los BC transmitan el mensaje claro de que están en completo control de las medidas y políticas.

2. Enfatizar que son acciones de naturaleza temporal.

3.Dado que muchas medidas son cuasifiscales, debe existir una coordinación óptima con el gobierno.

4. Los BC no deben asumir riesgos de crédito, y las empresas que enfrenten bancarrotas e insolvencias deben ser atendidas por la política fiscal.

5. Tener diseñada una estrategia de salida para revertir las medidas cuando las condiciones mejoren.

6. Una eficaz política de comunicación de crisis. La lista puede complementarse con un punto más con lo expresado por Donald Kohn, exgobernador de la Reserva Federal, en un seminario previo de SIPA: reforzar a los BC con herramientas para propugnar por la estabilidad financiera como, por ejemplo, dotarlos de lleno con la responsabilidad de políticas macroprudenciales.

Para finalizar, el exgobernador del Banco de Chipre recordó que la esencia de un banquero central autónomo es que no debe ser percibido como un político. Agregó que “la banca central no es acerca de fama y popularidad. Un buen banquero central debe ser aburrido, debe ser neutral, es un tecnócrata y no un político”.

federico@rubli.net

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.